Mensaje del Arzobispo de Burgos para el domingo 14 de junio de 2014


DIA DEL MISIONERO BURGALÉS


Así como el mes de mayo va unido a la Virgen en toda la Iglesia, en la diócesis de Burgos el mes de junio está íntimamente unido a los misioneros burgaleses esparcidos por todo el mundo. De hecho, desde hace más de dos décadas se celebra una jornada cuyo título no puede ser más significativo: “Día del misionero burgalés”. Es una celebración sencilla pero de hondo significado. Se trata, en efecto, de hacer presente uno de los tesoros más ricos de nuestra iglesia: traer a nuestra oración y a nuestra memoria tantos sacerdotes, religiosos/as y seglares, que nacieron a la fe en nuestras comunidades parroquiales y un día sintieron la llamada del Señor para anunciar el Evangelio en pueblos y culturas diferentes a la de origen. Pero no sólo ellos, sino también sus familias son protagonistas de la fiesta. Porque gracias al ejemplo, al apoyo y la palabra de sus padres y hermanos, esos misioneros descubrieron y dijeron ‘sí’ a la llamada de Dios.
A lo largo de estos años, hemos ido recorriendo un largo rosario de lugares de la diócesis y hemos tenido un lema que nos ha servido de punto de referencia e iluminación. Este año las Obras Misionales Pontificias, estando en el 5º centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, ha escogido una frase de la santa: “Ya es tiempo de caminar”. Teresa de Jesús fue una mujer emprendedora del siglo XVI con un gran amor a la Iglesia y una total apertura y disponibilidad a los planes de Dios. Siendo todavía una niña y acompañada de su hermano Rodrigo, un día burlaron la vigilancia de sus padres y trataron de escapar a “tierras de moros” para “ser descabezados por Cristo”. Por otra parte, como casi todos sus hermanos partieron para las nuevas tierras de América, ella estuvo siempre muy atenta a los pasos evangelizadores que se iban dando en aquel continente. Y que, un día, tras su encuentro con el franciscano Alonso Maldonado, exclamara: “Mil vidas daría yo, por salvar una de las que allí se pierden”.
Este año correspondía celebrar el “día del misionero burgalés” en el arciprestazgo de San Juan de Ortega. Sin embargo, nos ha parecido que era obligado celebrarlo en Villanueva de Argaño, uno de los pueblos que atendía pastoralmente el querido y recordado Martín Ángel Rodríguez, a quien Dios llamó a su presencia cuando menos lo esperábamos y en plena juventud, dada su acogida y cercanía a los misioneros y misioneras burgaleses.
Durante muchos años hemos estado hablando de los “dos mil misioneros burgaleses” que estaban diseminados por los cinco continentes. Hoy la cifra está muy rebajada, porque apenas llegan a los 800 y con el agravante de que muchos de ellos se encuentran en el ocaso de su entrega misionera. Por eso tiene especial vigencia el lema elegido de Santa Teresa: “Es tiempo de caminar”. O, si se prefiere, de seguir caminando, aunque el viento sea contrario. La santa de Ávila es todo un ejemplo a imitar, pues ella fue una mujer soñadora, reformadora, superadora de obstáculos y fiel a la Iglesia en los tiempos difíciles en los que tuvo que vivir. En estos tiempos, que también son “recios”, Teresa de Ávila nos enseña que si pisamos en las huellas que ella nos dejó marcadas y nos determinamos con su misma “determinada determinación” a rezar, a vivir el Evangelio y a comunicárselo a los demás, la cosecha esta asegurada. Dios no se ha cortado las manos y sigue tan presente como en su tiempo para que la Iglesia siga siendo “luz del mundo” y sembradora de paz y de alegría en todas partes.   
Quizás ahora entendamos mejor la urgencia de ser cada uno misionero en el ámbito en que vive su fe y comparte su existencia. La misión es esencial a la Iglesia, a cada comunidad cristiana y a cada cristiano. Todos somos misioneros por el Bautismo. Aquí o en cualquier parte del mundo. Y hemos de tener la certeza de que si somos misioneros en nuestra diócesis, volverán a salir grandes levas de misioneros burgaleses a todos los lugares del mundo. ¡Es la hora de la misión y la hora de la entrega generosa!

+Francisco Gil Hellín, 
Arzobispo de Burgos