Visita de Francisco a Bolivia


Comprenderéis que me sienta emocionado porque unas palabras de mi puño y letra han servido para dar la bienvenida a Bolivia al papa Francisco en el aeropuerto de El Alto:

“La hermana-madre tierra y la creación entera cantan con Francisco la belleza del Creador.”

Pero os confieso que esto tan sólo es un símbolo de lo que todos los días me hace dichoso: puedo acariciar a los más pequeños, los pobres; puedo tocar la carne de Cristo en los enfermos desahuciados; puedo caminar con aquellos que la cultura del descarte ha dejado en la cuneta.
En estos días también, muchos nos hemos sentido dichosos de gozar este tiempo de gracia y bendición que nos ha llenado de paz y de alegría. Los mensajes, los gestos, el esfuerzo ímprobo que nos ha dedicado Francisco son una bocanada de Evangelio vivo. La Eucaristía, los encuentros, los momentos de oración nos interpelan y encauzan nuestra misión hacia la entrega a todos sin exclusión, preferentemente a los más desprotegidos, a los que sufren.                                                                                                                                                                                                                                                                                
Al partir el avión que arranca de Bolivia a Francisco siento que su visita no ha sido estrella fugaz. Mas bien, la estela que nos deja es la de una estrella que nos sirve de guía en la nueva etapa que comenzamos como iglesia y como pueblo.  
En este momento se me suelta la lengua como a Zacarías y, parafraseándolo, proclamo:

Bendito sea el Señor, Padre nuestro,                     
porque ha visitado y mimado a su pueblo          
suscitándonos una fuerza de renovación,           
desde el primado de Pedro,        
según su designio de misericordia,         
que penetra y libera la historia. Amén


J.C.Devesa