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ÁFRICA/TOGO - “Estamos nuevamente confinados, pero es imposible respetar las medidas sanitarias”: un misionero de la diócesis de Sokodé

martes, 1 septiembre 2020 - (Agencia Fides)  

SG


Kolowaré  - “Toque de queda de 18.30 a 5.00 de la mañana y de nuevo cierre de los lugares de culto. Además, vuelve el confinamiento en las ciudades de Adjengré, Sokodé, Tchamba”, escribe a la Agencia Fides el padre Silvano Galli, sacerdote de la Sociedad para las Misiones Africanas, desde Kolowaré.
“Se han encontrado nuevos focos en la zona y se están haciendo grandes esfuerzos para circunscribirlos, combatirlos, con los medios disponibles. En Kolowaré, hace unos días, también se registró un caso en el Dispensario” - escribe el misionero-. “Para llevar al paciente al hospital de Sokodé, lograron arreglar una motocicleta y partieron, acompañados del médico. Después de unos diez kilómetros, llegando al cruce de Yelivo, el paciente saltó del vehículo y desapareció entre la maleza. No quiso hacer la cuarentena, porque se la debe costear el paciente”, explica.
El padre Silvano informa que en Kolowaré es difícil, casi imposible, respetar las medidas sanitarias vigentes. “Todos los sábados voy al mercado: casi nadie lleva mascarilla y, ¿cómo se puede mantener la distancia o higienizarse las manos en un lugar lleno de gente y mercancías? Paso entre la gente, los saludo, bromeo con ellos, tomo algunas fotos. Mujeres vendiendo, un niño dormido, otros tendidos en medio de las mercancías. Y luego los funerales y bodas en un escenario tradicional. Hay medidas de precaución precisas, pero, ¿cómo hacer las ceremonias espaciadas, sin estar cerca, sin tocar, sin bailar? Esto es lo que parece haber sucedido en Sokodé, el pueblo cercano. Por eso suceden nuevos contagios con todas las consecuencias: encierro, cierre de lugares de culto, toque de queda”.
“Todo el equipo de la Cáritas diocesana, formado por 8 personas, acudió aquí el sábado 22 de agosto. Con dos vehículos, al son de música y canciones, los voluntarios recorrieron el pueblo y el mercado invitando a todos a tomarse en serio las medidas propuestas, proporcionando información práctica, en kotokoli y francés. Por último, pasaron a la misión. Además de animación y sensibilización en materia sanitaria, también vinieron a traer material para el grupo de mujeres que trabajan la yuca y ver el trabajo realizado. A pesar del Covid, la vida continúa”, concluye el p. Galli.
(SG/AP) (Agencia Fides 1/9/2020
)

ÁFRICA/CONGO RD - Guerras, violencia, hambrunas, ébola y ahora el coronavirus: cada vez más peligros para los niños congoleños; el testimonio de un misionero

 

Kinshasa (Agencia Fides) – Desde UNICEF nos llega la fotografía despiadada que retrata la condición de la infancia congoleña haciendo que emerja como una de las más preocupantes del mundo. Las décadas de guerra e inestabilidad política, la pobreza endémica (de un país en realidad con recursos infinitos), el éxodo continuo de decenas de miles de familias y las epidemias, son todas ellas situaciones terribles y los niños pagan las mayores consecuencias. Más de cien denuncias de violaciones graves de los derechos del niñ han llegado a la agencia de las Naciones Unidas desde principios de año, mientras que la gran mayoría de las 200.000 personas que desde enero a hoy huyen del país son menores de edad. “Mientras todo el mundo, incluido el Congo, estaba lidiando con el coronavirus – explica Gaspare Di Vincenzo, un misionero comboniano en Butembo, al norte de Kivu, a la Agencia Fides – aquí la guerra continuaba sin problemas, es más, ha empeorado. Desde las áreas del norte de Kivu e Ituri llegan noticias de masacres y de lo que nos dicen los profugos, entre los cuales se encuentran algunos de nuestros laicos cuyas familias han sido masacradas, las milicias acampadas en la frontera con Uganda están destruyendo todo y cazando a los civiles para apropiarse de sus casas y tierras en esa área que es conocida por ser muy productiva. En este momento hay 2.500 familias que han encontrado refugio aquí con nosotros en Butembo, y están acogidas por familias locales cuya situación, como se puede imaginar, es de extrema precariedad. Nosotros, los misioneros combonianos, tratamos de satisfacer sus necesidades básicas gracias a la ayuda que nos brinda Italia, Caritas está en gran dificultad y no puede intervenir. Obviamente, como informa UNICEF, los primeros en pagarlo son los niños. Además de haber perdido a familiares y haber sido testigos de violencia, sufren de desnutrición severa. Aquí damos acogemos a unos cincuenta huérfanos y niños de la calle, pero la situación de la infancia en nuestro país es dramática”.
La condición de los niños, sin embargo, no es la única mala noticia reciente. El virus del Ébola, cuyos brotes en las regiones orientales acaban de declararse definitivamente resueltos después de más de dos años, como un pájaro fénix resurge de sus cenizas en la zona occidental y ha comenzado de nuevo a cosechar víctimas.
“Aquí y en toda el área de Beni no ha habido casos desde hace algún tiempo (2.134 personas han muerto desde 2018), pero las noticias que nos llegan desde las regiones occidentales son muy malas, según los datos que tenemos disponibles, en la provincia de Equateur, ya se han registrado las primeras muertes (5 según fuentes del gobierno). El Congo también se enfrenta al coronavirus (6.700 casos, 153 muertes) y el confinamiento está causando un daño enorme a la economía ya frágil. Esperamos que el brote se contenga de inmediato, de lo contrario sería otra tragedia”. (L.A.) (Agencia Fides 30/6/2020)

«EL CONFINAMIENTO ES MUY FÁCIL CUANDO TODO ESTÁ CUBIERTO»


Mismo virus pero distintas realidades. Dos misioneras y un misionero burgalés relatan cómo están viviendo la pandemia en Angola, la selva ecuatoriana y Burkina Faso, donde el hambre, los desplazados y las carencias sanitarias son más graves
La pandemia del coronavirus ha tardado más en llegar a áfrica que al resto de continentes. Y no lo ha hecho con la fuerza y el impacto que ha tenido en Europa o EEUU, gracias al cierre de fronteras y a la adopción de medidas que han evitado la expansión de la epidemia porque las consecuencias hubieran sido inimaginables en países con unos sistemas sanitarios deficientes, sin acceso a agua en muchas zonas y donde son las preocupaciones más graves son el hambre, los desplazados y las carencias en los hospitales.

Así lo reconocen dos misioneras burgalesas que viven de cerca la realidad en el continente africano.

Guillermina Machado, una de las tres misioneras seglares vicencianas destinadas desde hace cuatro años en la provincia de Benguela, en Angola, señala que hay cierta inquietud sobre el avance de la pandemia, si bien las medidas que se han puesto en marcha, como la declaración del estado de emergencia, han evitado que dispare la cifra de contagios. “Aquí hace mucho calor y como a este virus parece no gustarle, eso ha favorecido que no sea tan agresivo porque lo contrario hubiera sido terrible.”

Natural de Rabanera del Pinar, esta misionera seglar afirma que pedirle a la gente que no salga de sus casas o que no vaya a trabajar cuando se tiene muy poco es muy complicado. “El confinamiento es para los ricos, para quienes tienen la nevera llena. Es muy fácil hacerlo cuando todo está cubierto. Pero estas personas si no salen, no comen.”, relata

Desde su organización, Misevi, desarrollan diferentes iniciativas que permitan la mejora de la calidad de vida de las personas y comunidades locales implicadas, en áreas como la educación infantil, áreas como la educación infantil, la promoción de la mujer a través de programas de alfabetización, la salud mental, la atención a las personas con adicción alcohol y la formación de jóvenes para que aprendan pautas de liderazgo. “Estamos al servicio de los más débiles y de los más vulnerables; de los más pobres y de los más necesitados”, subraya, tras destacar los microproyectos que tienen en marcha tanto en Angola como en Bolivia, y para los que reclaman fondos. En una de esas iniciativas trabajan codo con codo con Manos Unidas para ayudar a unas 200 familias sin recursos, a las que dotan de alimentos y de productos básicos de higiene. Guillermina, que tenía previsto regresar a Burgos a finales de mayo para descansar durante dos meses, no podrá hacerlo al estar cerradas las fronteras.

Al igual que en Angola, la cifra de contagios en Burkina Faso no es aún elevada. Pilar Serrano, que pertenece a la congregación de las Franciscanas Misioneras de María, declara que los problemas en este país son el hambre, los desplazados por el terrorismo y las epidemias. “Si a todo esto le añadimos además el coronavirus, ese es el gran miedo de todos”, dice. A sus 70 años, esta misionera lermeña se encuentra en la ciudad de Bobo-Dioulasso, donde tras años de dedicarse a la sanidad ha pasado a realizar un trabajo más interno con programas de autofinanciación. Pilar explica que la población local está concienciada sobre las medidas de protección que deben tomar, pero que los recursos no llegan a todos. “Esto está despertando una solidaridad muy fuerte, y los bancos y las fábricas están ayudando mucho a los centros de salud”, destaca. No tiene miedo. Pero sabe que allí la vida hay que mirarla de frente porque es una lucha por la supervivencia.

A miles de kilómetros, en Puyo, e la selva ecuatoriana, 
Mons. Rafael Cob también combate con los recursos que puede la epidemia del coronavirus. Por suerte, en la zona en la que él se encuentra, el nivel de contagios es muy bajo. Desde la Iglesia, y a través de Cáritas, han distribuido alimentos entre un millar de familias. “Esto es muy necesario porque muchas personas, sin trabajo, no tienen qué comer, y lo que pueda venir, como todos sabemos, puede ser más duro; mucha gente se quedará sin trabajo y no tendrá pan que llevar a su casa. Esta pandemia nos hace a todos iguales. Todos nos necesitamos”, declara.

Burgos tiene en estos momentos más 600 misioneros repartidos por todo el mundo, principalmente en América Latina, África, Asia y Oceanía. Desde la Delegación Diocesana de Misiones, su responsable, Ramón Delgado, asegura que no tienen noticias de que ninguno de ellos haya regresado a la provincia tras la pandemia. “Sabemos que están viviendo todo esto con incertidumbre porque en los países en los que realizan su labor como misioneros la vertebración social es mayor y la Iglesia tiene más protagonismo en tarea educativas, sociales o sanitarias”. Apunta.

Diario de Burgos B.D. 8/05/2020)

«¿Sobrevivirá nuestra gente?»: el lamento de un misionero burgalés ante el Covid-19

Jorge López, misionero en Zambia, relata cómo el coronavirus ha disparado el precio del dólar y muchas familias han perdido su fuente de ingresos mientras él continúa construyendo una escuela.

El pasado 2 de abril, Zambia registraba por primera vez un fallecimiento a causa del coronavirus. La pandemia que ha puesto en jaque a medio mundo ha llegado también hasta este país africano (el primer caso se detectó el 18 de marzo), donde el número de casos infectados asciende a 137, con tres muertes y 78 personas recuperadas, según los últimos datos oficiales. El presidente de la nación, Edgar Lungu, ha decretado una serie de medidas para paliar la expansión del virus, entre las que destacan la suspensión de viajes al extranjero, una cuarentena obligatoria para las personas que lleguen al país, clausura de colegios y prohibición de reuniones sociales de más de 50 personas, como bodas, funerales o festivales.

Jorge Lópezmisionero burgalés, le preocupa la situación real del país donde trabaja desde 2012, donde la falta de recursos sanitarios puede contribuir a la rápida expansión del virus: «Los afectados son pocos pero no sabemos realmente cuántos, pues se hacen pocos tests y los recursos son pobres», argumenta mientras constata que hay varias enfermeras contagiadas.

Junto a ello, destaca el caos económico que la pandemia ha generado en el país, donde se han cerrado las importaciones y las exportaciones y el dólar se ha disparado. «Una botella de aceite ha pasado de costar 17 kwachas (unos 85 céntimos) a costar 28 (1,40 euros)», indica. Junto a ello sostiene que el «lockdown» decretado ha provocado que muchos puestos de venta en carretera se hayan destruido, generando una «batalla campal» entre las personas que ven perder su fuente de ingresos. «¿Va a sobrevivir nuestra gente?», se lamenta el misionero.

«Estamos bien»

La situación en la parroquia de Holy Trinity de Mufumbwe, donde trabaja, es «tranquila», muy diferente de la que se viven en la ciudad de su región, Solwezi, donde es obligatorio el uso de mascarillas y las medidas son más severas. Asegura que allí «están todos bien», aunque no puede realizar su visita habitual a los colegios y las celebraciones en la iglesia se han suspendido. «Recientemente he celebrado un funeral y ha sido un caos, había mucha gente». Con todo, sigue trabajando con algunos pocos obreros en la construcción de la segunda fase de la escuela de secundaria del municipio: «Ahora no es posible llamar a gente para colaborar y la contribución comunitaria es escasa», asegura.

La situación que atraviesan los misioneros y la falta de recursos para llevar a cabo su tarea fue la que movió al papa Francisco a crear un fondo de emergencia con el que colaborar económicamente con sus necesidades. Él mismo inauguró el fondo con una aportación de 750.000 dólares. Obras Misionales Pontificias es la entidad que canaliza la colecta y distribución de fondos. Quienes deseen colaborar con los misioneros ante la crisis del coronavirus pueden encontrar más información pulsando aquí.

“La solidaridad debe traspasar las fronteras, como el virus”

-¿Cómo está afectando la pandemia a la vida normal en Marruecos?
Ciertamente, la pandemia del coronavirus está afectando grandemente a la vida en Marruecos, como en la mayor parte de países del mundo. Estamos viviendo en un confinamiento prácticamente total, que se está siguiendo con mucha disciplina y rigor. Se puede decir que la actividad económica del país está detenida casi totalmente, y esperamos que se pueda levantar todo esto el día 20, como está anunciado, pero también hay ya indicios de que se tendrá que prolongar. La consecuencia más grave de esta manera de luchar contra la pandemia es la situación en la que se encuentran las familias más precarizadas, es decir, aquellas que vivían de trabajos que le daban pocos recursos, y en el día a día; y los que vivían también de la mendicidad, sobre todo, entre las personas en situación de riesgo. De manera que esto se está haciendo ya un poco insoportable para muchísima gente, que no tiene ya ni lo más indispensable para comer en el día a día. El resultado de frenar la pandemia está siendo bueno, porque, dentro de lo que cabe, el número de contagios está siendo muy limitado, y el de fallecimientos se mantiene en unos 128 o 130 en estos momentos, lo cual es mucho, pero es casi nada en comparación con otros países. Así que las consecuencias de la pandemia en Marruecos están siendo, como en todas partes, duras, y con el tiempo se van a extremar.
-Así es, el confinamiento es una medida aparentemente efectiva, pero difícil de asumir para quienes se ganan el pan día a día. ¿Cómo lo vive allí la gente?
Hay una diversidad de respuestas ante esta situación del confinamiento. Y hay ciertas personas que lo viven hasta, diría yo, con gozo y tranquilidad, porque tienen los recursos suficientes y se encuentran, como aquel que dice, con unas vacaciones adelantadas o trabajando desde la casa. Otras personas, que tienen suficientes recursos para sobrevivir y que los están utilizando, lo viven con una cierta paciencia y sentido de responsabilidad. Pero hay un grupo muy grande que lo está viviendo, diría yo, casi, casi con desesperación, porque no tienen qué llevarse a la boca. Se están haciendo esfuerzos por responder a esta situación, pero no es fácil salir al encuentro de tantas personas que ya vivían con dificultad en circunstancias normales, pero que ahora se ha agravado mucho más. Esperemos que esto no dé en las próximas semanas como resultado situaciones violentas o situaciones que lleven a conflictos.
-¿Ha tenido ocasión de hablar con algún enfermo o con la familia de alguna víctima? ¿Cómo les encuentra?
No, no he tenido ocasión de tratar con ningún enfermo ni tampoco con familiares muy directos. Yo estoy confinado también; los casos son pocos en Marruecos y no tenemos nosotros la facilidad de llegar a los hospitales a visitarles, porque tampoco les podemos prestar un auxilio espiritual, ya que no hay ningún enfermo —que yo sepa— cristiano. Por contra, sí que he tenido relación con mis hermanos salesianos, que en España han perdido, a causa de esta pandemia, entre 18 y 20 religiosos. Algunos de ellos han sido mis profesores, mis formadores, y verdaderamente llega al corazón y toca profundamente el constatar cómo se nos están yendo estas personas, que podían estar todavía unos cuantos años acompañándonos, si no se hubiese dado esta pandemia.
-¿Cómo se está adaptando la Iglesia a esta situación, sobre todo ante la imposibilidad de administrar los sacramentos?
Como Iglesia nos estamos adaptando, creo yo, aceptablemente bien, a estas circunstancias que nos toca vivir, y yo creo que estamos sacando lecciones positivas y consecuencias también muy favorables. Por ejemplo, los sacerdotes y agentes de pastoral han hecho gala de una gran creatividad, utilizando las nuevas tecnologías de comunicación para mantener el contacto con los fieles, sea enviando materiales a través de WhatsApp u otros medios, sea transmitiendo en streaming diversas celebraciones o incluso haciendo reuniones. Estamos consiguiendo que todos los fieles cristianos puedan seguir la misa cada domingo, emitida desde la capilla del Obispado, o que también durante la Cuaresma pudiesen seguir el vía crucis, el rezo de vísperas, una sesión de preguntas y respuestas, momentos de oraciones especiales. También se ha conseguido que cada casa cristiana sea una iglesia; es decir, creo que esta es la oportunidad de descubrir positivamente que la familia es una Iglesia doméstica, y se está valorizando mucho más la oración personal y la oración familiar, rezar en familia. También los laicos están descubriendo que no son “clientes” o “utilizadores” de la Iglesia, sino miembros vivos; que depende de ellos el vivir la fe y no estar dependiendo siempre del sacerdote. En fin, son consecuencias positivas, lamentando que no podamos estar viviendo los encuentros comunitarios en una situación normal. No es que yo piense que esta situación es mejor que la ordinaria, pero, dadas las circunstancias, y teniendo que aceptarlas por responsabilidad y por amor a la vida propia y del prójimo, no están mal las lecciones positivas que estamos intentando sacar. También Cáritas y las distintas organizaciones parroquiales están trabajando muchísimo por venir al encuentro de las necesidades de muchas familias que, como he dicho anteriormente, están pasando muy malos momentos. Entonces, eso también, ese aumento y fortalecimiento de la solidaridad, no solo entre los cristianos, sino también entre los musulmanes —que vienen a darnos víveres, por ejemplo, para que los distribuyamos—, es algo que es muy positivo. Creo que, al final, agradeceremos el haber podido mejorarnos en distintos aspectos en nuestra vida eclesial.
-Usted ha escrito una carta a sus fieles, pidiendo que se interprete la pandemia a la luz de la Palabra de Dios. ¿Cómo debemos hacerlo?
Toda la vida cristiana debemos vivirla a la luz de la Palabra de Dios, y no es solamente ahora, en estas circunstancias, que tenemos que recurrir a ella para encontrar el sentido de nuestra existencia. Eso debe ser una actitud permanente, pero en circunstancias especiales, ciertamente encontramos la oportunidad de profundizar más y de acercarnos más a la luz de la Palabra de Dios. Por ejemplo, a la luz de la parábola del buen samaritano, aquí tenemos que sacar la conclusión de que nosotros, los cristianos, tenemos que comportarnos samaritanamente: ayudar al que está en necesidad, sin establecer demasiados cuestionamientos ni preguntas de si “por qué estás aquí”, si “tienes papeles”, si “no tienes papeles”, “cómo es que has llegado a esta situación”. Tiene hambre, hay que darle de comer; está herido, hay que curarlo. Ese es uno de los aspectos, simplemente, pero todo el aspecto de que nosotros, los cristianos, no necesitamos un lugar y un tiempo para adorar a Dios, porque Él está en todas partes y siempre, es muy interesante; aprender a vivir la vida cristiana en lo que llamamos la “liturgia de lo cotidiano”: hacer de toda nuestra vida una ofrenda a Dios, y no pensar que solamente cuando vamos a la iglesia estamos honrándole. Redescubrir esto será una gran cosa. La Palabra de Dios también nos ilumina en el aspecto de la familia como Iglesia doméstica, que era algo poco consciente en las familias cristianas de nuestro país, y yo creo que del mundo entero. Y así, creo que estos días de Resurrección también nos están iluminando: pasamos por la cruz, pero sabemos que al final está la resurrección, que es el fundamento de nuestra esperanza. En fin, hay muchas cosas que hacer para que la Palabra de Dios nos ilumine en estas circunstancias y siempre.
-¿Qué diría a la sociedad española, sabiendo que ella misma está sufriendo, para que colabore con el Fondo de Emergencia de OMP, creado por el Papa para ayudar a quienes menos medios tienen para superar la crisis?
Precisamente, una de las iniciativas que demuestran lo que esta pandemia nos enseña es este Fondo de Emergencia que el Papa ha instituido y que pretende ser mundial, universal. Es decir, yo creo que está claro que estamos todos en el mismo barco, aunque hay quien ha escrito que no, que viajamos en barcos distintos, unos muy cómodos y otros con mucha dificultad. Yo creo que estamos en el mismo barco, aunque unos viajan en camarotes de lujo, otros están batallando en la maquinaria para que el barco siga funcionando y vaya adelante, y otros están simplemente en la terraza, sentados en un butacón. Yo creo que la sociedad española, dentro de la precariedad que está viviendo y del gran descalabro económico que va a venir o que está viniendo ya, debe demostrar una solidaridad a nivel mundial. Sería muy malo que esta pandemia alentase los nacionalismos baratos y egoístas y el individualismo. Esa solidaridad que se está viendo a nivel de ciudad, de barrio, de casas, debe traspasar las fronteras, como el virus. No puede ser que, porque se hayan cerrado las fronteras nacionales, cada uno se encierre en su país y piense que, “si yo estoy bien, pues ya el problema está solucionado”. Es cierto que hay necesidades en todas partes, pero hay unos países que se encontrarán y se encuentran en peores situaciones que otros; y, por eso, creo que debemos levantar la vista por encima de las fronteras de nuestro país, para lanzar una mirada con perspectiva mundial. Es el momento de descubrir de una manera práctica que somos todos hermanos y que formamos todos una sola y única familia, que es la familia de los hijos de Dios. Entonces, si vemos la situación con esta perspectiva, lógicamente nos rascaremos el bolsillo como sea para colaborar. Yo he hecho una llamada concretamente a los sacerdotes y a las comunidades religiosas, que no solemos colaborar demasiado cuando se hacen campañas, para que, de nuestro propio bolsillo personal o comunitario, colaboremos con este Fondo de Emergencia; y dejo a los laicos que lo puedan hacer también si lo desean, pero que se esfuercen en socorrer a aquellos que tienen más cerca, en colaborar para las necesidades que estamos teniendo en el país. Pero Marruecos, desde su pobreza, desde sus grandes límites, quiere también hacer este gesto de colaborar en el Fondo de Emergencia que el Papa ha convocado o ha lanzado. Estaremos muy contentos de colaborar desde nuestra pobreza, aunque nuestra participación sea monetariamente pequeña; pero será significativa.
OMPRESS-MARRUECOS (17-04-20)

España se une al Fondo de Emergencia de OMP abierto por el Papa.



El Papa Francisco ha querido estar cerca de los que más sufren las consecuencias de esta pandemia, en los países más pobres. Por ello, ha abierto un Fondo de Emergencia internacional a través de Obras Misionales Pontificias (OMP), para sostener el trabajo que la Iglesia misionera realiza en esta crisis mundial. OMP España se une hoy a esta iniciativa con la campaña #AhoraMásQueNunca, apelando a los españoles a colaborar con los misioneros, en estas circunstancias tan difíciles.
José María Calderón, director de OMP España, se une a la petición del Santo Padre de crear un Fondo de Emergencia internacional para ayudar a los Territorios de misión, ante las graves consecuencias que la pandemia puede provocar en las zonas más pobres del planeta:
“Desgraciadamente la situación causada en España por el Covid-19 es terrible, en todos los aspectos: de muertos, de contagiados, de personal sanitario enfermo, de falta de material y de medios para trabajar con una cierta seguridad… ¡y la que nos viene encima a nivel económico!”, explica.
Sin embargo vamos viendo cómo esta pandemia está poco a poco haciéndose hueco en la vida de los países de África, Asia, Oceanía y América, que cuentan con muchos menos medios que nosotros, y en algunos sitios tienen unas graves dificultades para poder vivir el confinamiento, la disciplina a la hora de las relaciones, ¡la forma de vivir los duelos y los entierros! Por eso, los misioneros ya nos están dando la voz de alarma… ¡van a necesitar mucha oración y muchas ayudas por nuestra parte!”, afirma.
OMP es el canal que el Santo Padre y la Iglesia tienen para hacerles llegar esa ayuda, tanto espiritual como material. Por eso hemos decidido sacar esta campaña. Gracias a todos los que decidan colaborar”, concluye.

Llegar a cada una de las parroquias misioneras
El Papa fue el primero en colaborar con este Fondo, con 750.000$. A través de Obras Misionales Pontificias, el instrumento que tiene la Santa Sede para sostener a las Iglesias más jóvenes, este dinero llegará a todas las comunidades afectadas en los países de misión a través de las estructuras e instituciones de la Iglesia. Este Fondo es internacional, y cuenta con la capilaridad de Obras Misionales Pontificias, que llega a 1.111 Territorios de Misión, y sostiene el trabajo de los misioneros y de cada una de las parroquias en estas zonas.

Estos territorios representan un tercio de las diócesis del mundo, y en ellas vive casi la mitad de la población mundial. Allí la Iglesia hace un enorme trabajo de evangelización y promoción humana. De hecho, en ellas la Iglesia sostiene 26.898 instituciones sociales (hospitales, dispensarios, residencias de ancianos, orfanatos...), y 119.200 escuelas -más de la mitad de las que sostiene la Iglesia en el mundo-. En los últimos 30 años, la Iglesia ha abierto en misiones una media de 2 instituciones sociales y 6 escuelas al día.


Todo este trabajo que la Iglesia realiza necesita apoyo económico, y lo recibe de forma habitual a través de Obras Misionales Pontificias, en campañas tan conocidas como el Domund. Pero en estas circunstancias tan especiales, ya hay peticiones de ayuda extraordinarias.
El Santo Padre ha pedido a los fieles y a las entidades de la Iglesia que tienen la posibilidad y lo desean, que contribuyan a este Fondo de Emergencia a través de las Obras Misionales Pontificias de cada país.



OMP lanza una web para vivir el aislamiento en clave misionera

En los últimos días hemos visto cómo la realidad del COVID-19 ha cambiado nuestras vidas, y nos ha obligado a estar un período de tiempo aislados en casa. Por ello, Obras Misionales Pontificias (OMP) ha lanzado una sección en su web , en la que se recoge un amplio catálogo de iniciativas para vivir el confinamiento, pero abiertos al mundo. Entretenimiento para niños y adultos, información sobre misioneros y COVID-19, recursos de oración, etc. Todo ello acompañado por un breve comentario del Evangelio del día –“Meditaciones de cuarentena”-, realizado por José María Calderón, director nacional de OMP.

“Estamos llamados a vivir nuestra santidad en estos tiempos, como San José, en el silencio y en la oración”, explica José María Calderón en la “Meditación de cuarentena” de hoy. “Aprovechemos este tiempo de gracia, de cuaresma y de coronavirus para que el Señor pueda hacer dentro de nuestro corazón y nuestra alma cosas bonitas”. Desde hace varios días, estos pequeños podcast con un comentario al Evangelio del día a la luz de la situación de confinamiento actual, se están compartiendo por listas de distribución de Whatsapp. Este y otros muchos recursos se han recopilado en una sección de la web de Obras Misionales Pontificias, para vivir este tiempo en clave misionera.

OMP ofrece también en ella una sección de recursos para niños, donde se puede descargar el último número de la revista Gesto de forma gratuita. También se podrá acceder a manualidades, recetas, vídeos, pasatiempos, láminas de colorear... Además de pasárselo bien, los niños aprenderán a ser misioneros.

Los adultos tienen su propia sección de entretenimiento, desde donde podrán disfrutar de los programas que OMP realiza en radio y televisión, en colaboración con diversos medios. Programas como “Misioneros por el Mundo”, y “Tú eres misión” de TRECE, para conocer de cerca el trabajo de los misioneros en el mundo. Para los amantes de la radio, también están disponibles los podcast de los programas misioneros de Radio María “Iglesia en Misión” e “Iglesia Viva”. Y los que quieran profundizar un poco más, tienen la posibilidad de formarse a través de diversos materiales sobre la misión universal de la Iglesia.

OMP apuesta por la oración en este tiempo de aislamiento en casa y en un momento de pandemia mundial; por eso, un vídeo explica cómo rezar el rosario misionero, con el que se tiene presente a los cinco continentes, y así orar por los misioneros, los enfermos, los médicos, y por todos los que están sufriendo en el mundo. Además, se hace referencia a cómo se puede ofrecer la enfermedad por la evangelización del mundo, y unirse así a la cadena de enfermos misioneros. .

Por último, la web ofrecerá toda la información que la agencia de noticias OMPress vaya publicando al día, con la información del COVID-19 que van mandando los misioneros desde diversos puntos del planeta.


Para más información:

Paula Rivas y Javier López
91 590 29 43
prensa@omp.es