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Juan Velasco Gil, nuevo misionero en Mozambique

 

Juan Velasco Burgos, sacerdote de Burgos, acaba de partir como misionero a la diócesis mozambiqueña de Tete. Miembro del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), continúa la larga tradición de misión ad gentes de este instituto.

El día 10 de febrero partía por primera vez a la misión de Mozambique Juan Velasco Gil de la archidiócesis de Burgos y el miembro más joven del IEME, con 39 años. Durante todo el año pasado siguió el curso de la Escuela de Formación, de septiembre a diciembre de 2020, que por causa de la pandemia tuvo que desarrollarse online. Compaginó esta preparación a la misión con algunos cursos en la Universidad Pontificia de Comillas. Durante todo el verano pasado ha vivido en Lisboa con la comunidad de los Misioneros de la Boa Nova, para aprender el portugués. Cuando aterrice en Mozambique tendrá una entrada suave al país con el estudio de la cultura, así como con la introducción a una de las lenguas vernáculas de la diócesis de Tete. Desde el IEME le han augurado un feliz y fecundo ministerio.

El Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), desde su nacimiento, siempre ha sido un cauce privilegiado para que los sacerdotes diocesanos españoles pudieran dar cauce a su vocación misionera. El IEME es una sociedad de vida apostólica de sacerdotes diocesanos. Se asocian entre sí con el objetivo de dedicar su vida a la actividad misionera de la Iglesia. Fue en 1920, cuando se inauguró el Seminario Nacional de Misiones en la ciudad de Burgos. Era fruto del gran impulso misionero que sacudió a la Iglesia en aquella época. En 1947 el Seminario pasaba a llamarse Instituto Español de Misiones Extranjeras. Hoy los misioneros del IEME están presentes en África (Zimbabue, Mozambique, Zambia y Togo), en Asia (Japón y Tailandia) y en América (Guatemala, Perú, Brasil, República Dominicana, Nicaragua y Cuba).

 OMPRESS-MOZAMBIQUE (22-02-22)

Gloria Varona, misionera en Chad: “Dios ya estaba aquí cuando llegamos las misioneras, solo nos esperaba”


Gloria Varona es misionera Hija de la Caridad. Nacida en Huérmeces (Burgos), lleva más de 20 años en Chad, uno de los países más pobres en África, dedicada cuidar de los más pequeños con la enseñanza y la sanidad y anunciando el Evangelio en este pueblo compartiendo su vida con ellos.

“Cuando llegamos aquí para crear la misión, el obispo nos pidió que trabajamos en la salud y en la educación y la pastoral siempre colaborando con la gente y en esta labor llevamos trabajando siempre y ahora da sus frutos:  tenemos nueve escuelas, tres colegios y un liceo en total son más de dos mil alumnos de todas las etnias y religiones católicos, protestantes, musulmanes y animistas. En la salud trabajamos principalmente con niños malnutridos que son muy numerosos y también con los niños discapacitados.

Cuando iba a venir al Chad le pregunté a un misionero experimentado que tenía que llevar, me contestó que tenía que venir con una maleta cargada de humildad porque cuando vienes a la misión tienes que venir a estar con ellos y a compartir nuestra vida de la gente. Nosotros anunciamos a Dios con nuestro testimonio de vida, pero los verdaderos protagonistas del anuncio del Evangelio son los animadores y los catequistas que llevan la Palabra de Dios en su propia lengua, el gambay, su labor es crucial. Ellos son los verdaderos protagonistas, los cuentan lo que han visto y oído de este Dios que nos ama a todos. Nosotros como misioneras sólo damos testimonio con nuestra vida y nos alegra comprobar que nuestro trabajo tiene sus frutos y tenemos una Iglesia  joven, alegre y participativa.

En este vídeo os presento a un joven catequista y a su familia que refleja de alguna manera la labor que hemos hecho las misioneras durante todos estos años. El cuenta que cuando llegamos las Hijas de la Caridad, se acababa de quedar huérfano y en las misioneras encontró apoyo y han sido el sustento para él y su familia. Gracias a ellas pudo estudiar en la universidad y ahora es profesor y además sigue motivando a los jóvenes a seguir a Jesús porque es responsable del movimiento de jóvenes de la parroquia.

Durante todos estos años he comprobado que son los catequistas nuestro mejor regalo para anunciar a Dios. Porque Él ya estaba aquí en la misión cuando llegamos las misioneras, solo nos esperaba. Las misioneras hemos venido para encontrar aquí a Dios en medio de un pueblo que tiene mucha necesidad de ayuda. Y todos podemos colaborar para extender el Amor de Dios por todo el mundo, lo más importante que podemos hacer es la oración de unos por otros, la colaboración económica es importante claro, si se puede, pero la oración es nuestro mejor apoyo. Y por supuesto y si alguno se siente llamado también puedo venir a la misión a compartir vuestras vidas con estos hijos de Dios.



Gracias por dejarme mostrar la gran familia que formamos los misioneros y catequistas para anunciar el Evangelio”.

OMP envía cada año ayudas económicas al Chad; por ejemplo, hace unos años, se financió la construcción de la iglesia parroquial de la misión de Bebalem y, año tras año, envía ayudas para apoyar la labor pastoral y evangelizadora de la iglesia y de los catequistas.

¡Colabora para que los misioneros puedan seguir ayudando a quienes más lo necesitan!


https://omp.es/haz-un-donativo/



Publicado en www.omp.es

Cuidando a los pobres y olvidados de Nacala

 


Hermana Francisca Caño, natural de Tinieblas de la Sierra (Burgos), pertenece a la congregación Obra Misionera de Jesús y María

Es lo que hace en esta localidad mozambiqueña la hermana Francisca Caño y su comunidad de la Obra Misionera de Jesús y María. Lo llevan haciendo muchos, muchos años, pero ahora en medio del covid, su labor es más necesaria que nunca. Nos escribe, para contarnos cómo es la situación en medio la pandemia que tanto ha cambiado nuestro mundo:

“Estoy aquí en
Nacala desde hace 25 años. Pertenezco a la congregación Obra Misionera de Jesús y María, fundada en España por la Beata Madre María Pilar Izquierdo. Aquí en Nacala tenemos un centro de recuperación nutricional, un centro de Salud, preescolar y otras actividades. Yo, junto con otras hermanas, atendemos el centro de salud y centro nutricional. El año pasado y este con el problema del covid todo ha sido diferente. Al grupo de niños que seguimos con problemas de mal nutrición no los hemos podido tener en el centro. Solo vienen a revisión de peso y salud y para que se lleven leche y otros alimentos. Más numeroso ha sido el grupo que llega también para llevarse leche que son bebés huérfanos, y familias con hijos numerosos y mal alimentados. Muchas familias contaban con la venta de comida y otras cosas pero, al estar las escuelas cerradas a muchas familias, se ven mal para alimentarse. Por eso tenemos a más de un centenar a los que atendemos regularmente para darles alimentos y medicinas.

En el centro de Salud tenemos de 50 a 60 consultas diarias. Continúan las enfermedades de siempre como las malarias, infecciones de todo tipo en la piel, muchas diarreas, y el VIH, con sus enfermedades oportunistas, tuberculosis, sarcomas etc… y sufrimos muertes también, sobre todo de mamás muy jóvenes, cuando van a dar a luz. Pero estas muertes no las publican y sabemos que están aumentando. Para el gobierno no son de interés.

La realidad actual del covid es de aumento de infectados y de muertos. Diariamente llegan a ser de 400 a 600 los infectados y los muertos, de 15 a 20 diarios. Esas son las cifras oficiales, aunque la realidad sea otra cosa. Gracias a Dios en la mayoría de los casos no lo sufren con síntomas graves. Así es como llegan a nuestro centro, con síntomas no muy graves, pero tampoco tenemos acceso a tests. Estos solo son para la gente que viaja en avión y son muy caros. Además, aquí guardar aislamiento en casa es casi imposible pues viven fuera de la ‘payota’ (las chozas de caña) y están muy juntos, con los niños en la calle todo el día… En cuanto a la vacuna, hemos oído en la televisión que el gobierno del Brasil va a regalar vacunas, aunque no sabemos para quién ni cómo serán de eficaces”.

  OMPRESS-MOZAMBIQUE (26-03-21)

Caridad y sacrificio hasta el extremo.

 


Eladia Maestro Maestro, Misionera Hija del Calvario.

Murió el 16 de febrero de 2021, a punto de cumplir 96 años

 

Nació en 1925 en Villasandino, en medio de trigales y de un puñado de hermanos. Con apenas 18 años, entra a formar parte de las religiosas Misioneras Hijas del Calvario, recientemente fundadas en una huerta de La Castellana. Corre el año 1921, año del VII Centenario de la Catedral con el Cardenal Benlloch al frente. Es el momento del gran apogeo misionero burgalés con el pujante Colegio de Ultramar y posterior Seminario de Misiones.  El Burgos asistencial se basa pequeñas clínicas sembradas por la ciudad. Eladia estudia enfermería en una de ellas, muy cerca del actual Colegio La Merced, y se prepara para trabajar en un gran hospital. La llamada viene de Tete, al norte de Mozambique, a través del P. Pinich, sacerdote catalán que ha contactado con el P. César. Eladia y sus cuatro hermanas calvarias no dudan en viajar a Lisboa para aprender portugués. Han sido 10 años de formación. En Burgos se culmina el gran hospital de las Trescientas Camas. Corre el año 1960, necesitan facultativos, pero Eladia pone su mirada un poco más allá del final de la Avenida del Cid. Se embarca en Bilbao en 1961 y, después de 27 días en un carguero, llega a su soñado hospital. Son 5 monjas, son ‘misioneras todoterreno’ entregadas a la misión. Mozambique está en un momento delicado. Sumido en la pobreza, comienza su período de emancipación colonial. El hospital de Tete se llena de heridos, víctimas de las bala, metralla y de las minas sembradas por todo el país. Eladia se hace experta en curar y querer a los quemados, víctimas del fuego en sus propias casas. Su pasión es curar y lo hace con los casos más difíciles, a veces guerrilleros, otras, soldados portugueses. La independencia del país llega en 1975, pero el país está destrozado y no logra la paz. También Mozambique es víctima de la Guerra Fría. Pero ella no deja de trabajar. Con disciplina de soldado inicia una cooperativa con las máquinas de coser como artillería y las agujas como fusiles. Por las mañanas en el hospital atendiendo a los amputados por las minas antipersonales, por la tarde en el taller de costura que genera sonrisas de color femenino. Todavía le queda tiempo para la catequesis en la catedral. Son los sábados con cientos de niños que se arropan en su hábito blanco tan impoluto.

Después de 40 años, La Castellana ya no tiene huertas, sino villas. Sus hermanas más ancianas han conocido el Hospital de Fuentebermeja o han vivido aventuras similares de Rodhesia. Aunque con el nuevo milenio ronda los 80, tiene fuerza, mucha fuerza. Cuida a sus hermanas con pulcritud y orden admirables, casi hasta hoy, a punto de cumplir los 96.

Ha muerto una mujer recia y austera, pertinaz y precisa para dar la puntada que evita  cualquier roto y suaviza siempre la herida. Caridad y sacrificio hasta el extremo.

Misioneros: Anunciadores de esperanza ante un miedo que paraliza

 


En el día del Domund viajamos hasta Perú y Argentina, dos de los países latinoamericanos más vapuleados por la pandemia, para conocer el trabajo que allí realizan misioneros burgaleses.


Víctor García Teresa, séptimo de doce hermanos, una de las cuales también siguió sus pasos misioneros, nació en Gumiel de Izán el 2 de junio de 1952. Llegó a Perú el 17 de octubre de 1985, fecha que recuerda muy bien por ser precisamente la víspera del Señor de los Milagros, muy venerado en aquel país. Desde entonces, ha desarrollado toda su labor en parroquias, desde las de la Sierra hasta las del distrito de San Juan de Lurigancho, junto a Lima, que es donde trabaja actualmente.

Allí ha tenido que enfrentarse al peor de los retos, la pandemia de covid-19, que está golpeando al país con gran dureza. «Desde un comienzo las autoridades actuaron rápidamente y bien, pero todo resultó mal», relata el misionero. «El lunes 15 de marzo comenzó el confinamiento. Para el viernes de esa semana, en la parroquia ya teníamos organizado un buen equipo de voluntarios para el reparto de los víveres que enseguida nos llegaron de Cáritas, el Banco de Alimentos y otros donantes particulares. Debido al confinamiento, al comienzo los llevábamos a las casas de gente que los necesitaba; ya después llegaba la gente a las parroquias. Actualmente llegan pocos víveres, pero siempre contamos con algunos donativos que transformamos en alimentos, y ahora hemos priorizado las ollas comunes», explica.

Todavía los templos siguen cerrados; sin embargo, las parroquias están funcionando en todas sus áreas: pastoral social, a través de las ollas comunes y de la escucha tanto telefónica como directamente: «La gente necesita sacar sus miedos, temores, angustias, ansiedades, depresiones…», apostilla Víctor. En casi todas las parroquias de San Juan de Lurigancho las catequesis siguen funcionando de manera virtual –«en la parroquia donde estoy hay dos sacerdotes jóvenes que conocen muy bien estos medios», comenta–; ahora bien, ha disminuido el número de niños y jóvenes inscritos. «Aprovechamos para tener cursos por las noches: Historia de la Iglesia, Biblia, mariología y espiritualidad cristiana, a través de Facebook. Los grupo de oración y hermandades rezan el Rosario y tienen sus charlas virtuales…», añade.

«En cuanto a liturgia, retransmitimos las misas a través de Facebook o YouTube; participa bastante la gente a través de estos medios, pero se pierde el sentido de asamblea; tiene el peligro de que algunos se acostumbren a ello. Los demás sacramentos no celebramos; esperamos ya comenzar a bautizar y tener matrimonios el próximo mes».

 La labor social de la parroquia se extiende al ámbito de la salud y trata de llegara todos. «A comienzos de agosto nos embarcamos en adquirir una planta de oxígeno medicinal. En el grupo que estamos hay bastante gente que no es de Iglesia, pero quieren que sea la Iglesia quien lidere todo esto. Nos ha servido para tener muchas reuniones, hemos hecho colectas, «oxigenatón»… Ya estamos para firmar el contrato de compra, y en menos de un mes ya la tendremos funcionando. El asunto es que, sobre todo al comienzo, escaseó mucho el oxígeno y subió de precio excesivamente; ahora ya no se ven esas colas largas de la gente con su bombona de oxígeno, pero sigue siendo necesario; y el objetivo nuestro es hacerlo llegar a todos, especialmente a los más pobres».

Víctor concluye su relato subrayando: «Tratamos de ser seguidores de Jesús aquí, como vosotras y vosotros lo sois allí: anunciar la Buena Nueva de Jesús, que nos invita a descubrir al Padre-Dios; echar demonios, ayudar a la gente a sacar sus miedos, temores, etc… que les paralizan; y curar cada uno a su manera».

 

«Estamos en los peores momentos»

Argentina es otro de los países de Latinoamérica fuertemente vapuleados por la pandemia. Allí se dedica a la misión Aurora Abejón González, Hija de Santa María del Corazón de Jesús. Tiene 47 años y lleva 18 de misionera, entre México y Argentina. «Providencialmente», y no sin dificultad, ha conseguido viajar a España para celebrar el 25 aniversario de su consagración religiosa tanto en la Casa Madre, en Galapagar, como en el pueblo burgalés que la vio nacer, Pinilla Trasmonte, de donde proceden nueve de las religiosas de este Instituto.

«Nuestro joven Instituto, de derecho pontificio desde 1998, esparcido por nueve países, tiene seis años en Argentina, en la pequeña y sencilla provincia de San Luis, al oeste del país. Allí somos 12 profesas, de las cuales tres somos burgalesas, y tres jóvenes argentinas en formación. Tenemos dos comunidades, con una amplia labor apostólica; una rural, que atiende un famoso santuario dedicado al Santo Cristo de la Quebrada, al que acuden cientos de peregrinos con mucha fe, buscando su milagrosa intervención; una casa de retiros contigua, que continuamente recibe a los sacerdotes, a grupos y movimientos eclesiales y a muchos laicos que acostumbran hacer ejercicios ignacianos. También atendemos, en distintas zonas, la catequesis de niños, adolescentes y adultos, grupo de jóvenes, retiros, acompañamiento a personas mayores, enfermas o especialmente necesitadas», explica.

En una zona periférica de la ciudad, desde hace dos años, asumen un jardín de infancia. Para darle continuidad, adaptaron una zona para empezar progresivamente con la primaria y ahora han iniciado la construcción de la primera fase del colegio, imprescindible para poder continuar con tercero, en el siguiente ciclo escolar.

En estos últimos meses, relata, ante la situación producida por la pandemia, se ha hecho más patente la grave crisis que atraviesa la sociedad argentina, en todos los aspectos. «Muchas de nuestras actividades apostólicas han tenido que cesar, por lo que hemos aprovechado para acentuar la dimensión contemplativa de nuestra vocación, por medio de la adoración al Santísimo, más prolongada; seguras de que la oración es el medio más eficaz para contrarrestar todo mal. El confinamiento y restricción en nuestra provincia y, en general, en todo el país, están siendo muy estrictos, desde el mes de marzo, por temor a que colapse el sistema sanitario, ya que no contamos con suficiente personal médico cualificado y espacios adecuados». «Gracias a Dios y a la prevención, en San Luis no nos hemos visto muy afectados, aunque en las últimas semanas se han empezado a dar casos. En cuanto al país, en general, estamos en uno de los peores momentos», matiza.

«La población a la que atendemos, en general, adolece de muchas carencias espirituales, morales, afectivas, psicológicas y materiales, ahora más acentuadas. Muchos cuentan con planes del Gobierno que mínimamente satisfacen sus necesidades básicas; otros viven al día con lo poco que pueden vender o trabajar… Vemos en muchos, temor; en otros, apatía…, pero también nos encontramos con gente comprometida que está luchando por socorrer a los desfavorecidos, a todos los que Dios pone en nuestro camino, también vía online, en la medida de nuestras posibilidades, buscando transmitir esperanza, alegría y paz».