• ¿CÓMO VIVIR EL AISLAMIENTO EN CLAVE MISIONERA?


    Recursos para niños, entretenimiento, oración…
  • ”JESÚS VIVE Y TE QUIERE VIVO”


    Ya disponibles todos los materiales para preparar la jornada.
  • CAMPAMENTO MISIONERO 2020


    ¡Apúntate al campamento de Infancia Misionera!
  • GUÍA COMPARTIR LA MISIÓN


    Propuestas de voluntariado misionero
  • AYUDA A LAS MISIONES


    Colabora con los misioneros españoles

OMP lanza una web para vivir el aislamiento en clave misionera

En los últimos días hemos visto cómo la realidad del COVID-19 ha cambiado nuestras vidas, y nos ha obligado a estar un período de tiempo aislados en casa. Por ello, Obras Misionales Pontificias (OMP) ha lanzado una sección en su web , en la que se recoge un amplio catálogo de iniciativas para vivir el confinamiento, pero abiertos al mundo. Entretenimiento para niños y adultos, información sobre misioneros y COVID-19, recursos de oración, etc. Todo ello acompañado por un breve comentario del Evangelio del día –“Meditaciones de cuarentena”-, realizado por José María Calderón, director nacional de OMP.

“Estamos llamados a vivir nuestra santidad en estos tiempos, como San José, en el silencio y en la oración”, explica José María Calderón en la “Meditación de cuarentena” de hoy. “Aprovechemos este tiempo de gracia, de cuaresma y de coronavirus para que el Señor pueda hacer dentro de nuestro corazón y nuestra alma cosas bonitas”. Desde hace varios días, estos pequeños podcast con un comentario al Evangelio del día a la luz de la situación de confinamiento actual, se están compartiendo por listas de distribución de Whatsapp. Este y otros muchos recursos se han recopilado en una sección de la web de Obras Misionales Pontificias, para vivir este tiempo en clave misionera.

OMP ofrece también en ella una sección de recursos para niños, donde se puede descargar el último número de la revista Gesto de forma gratuita. También se podrá acceder a manualidades, recetas, vídeos, pasatiempos, láminas de colorear... Además de pasárselo bien, los niños aprenderán a ser misioneros.

Los adultos tienen su propia sección de entretenimiento, desde donde podrán disfrutar de los programas que OMP realiza en radio y televisión, en colaboración con diversos medios. Programas como “Misioneros por el Mundo”, y “Tú eres misión” de TRECE, para conocer de cerca el trabajo de los misioneros en el mundo. Para los amantes de la radio, también están disponibles los podcast de los programas misioneros de Radio María “Iglesia en Misión” e “Iglesia Viva”. Y los que quieran profundizar un poco más, tienen la posibilidad de formarse a través de diversos materiales sobre la misión universal de la Iglesia.

OMP apuesta por la oración en este tiempo de aislamiento en casa y en un momento de pandemia mundial; por eso, un vídeo explica cómo rezar el rosario misionero, con el que se tiene presente a los cinco continentes, y así orar por los misioneros, los enfermos, los médicos, y por todos los que están sufriendo en el mundo. Además, se hace referencia a cómo se puede ofrecer la enfermedad por la evangelización del mundo, y unirse así a la cadena de enfermos misioneros. .

Por último, la web ofrecerá toda la información que la agencia de noticias OMPress vaya publicando al día, con la información del COVID-19 que van mandando los misioneros desde diversos puntos del planeta.


Para más información:

Paula Rivas y Javier López
91 590 29 43
prensa@omp.es
 

Bautizados y enviados en misión por el mundo.



 (Entrevista: Mons. Jesús Ruiz, Obispo Auxiliar de Bangassou)

Fuente: MGranada

El papa Francisco ha invitado a toda la Iglesia a vivir un mes misionero extraordinario tras las huellas de Cristo, misionero del Padre. En la República Centroafricana, donde vivo actualmente mi vocación misionera, hemos decre­tado, no un mes, sino un año mi­sionero extraordinario para urgir a nuestra joven iglesia, compuesta de cristianos empobrecidos, vio­lentados y expuestos a las atroci­dades de la guerra, a que vivamos esa Iglesia en salida, una iglesia misionera en medio de la guerra. Os expongo alguna reflexión apo­yada en mi vivencia personal.
La misión no se escoge..., se recibe
No escogemos la misión, como cuando vamos al supermercado y elegimos el producto que nos atrae, sino que la misión la recibi­mos gratuitamente de Dios y de la Iglesia.
Joven profeso, mostré a mis superiores mi preferencia por tra­bajar como misionero en Brasil. Poco después me llegó mi destino al Chad, un país del África Central que apenas si conocía el nombre. Allí pasé quince años maravillosos viendo y contribuyendo al surgi­miento de una Iglesia. Sí, las iglesias nacen... y desaparecen. La del Chad tiene apenas setenta años. Allí co­nocí a los primeros cristianos:  Gabriel, Teresa, Mateebey, Bendiguin, Djidengar, Maurice... Cuando llegué a la diócesis de Sarh, solo había tres sacerdotes autóctonos.
Los misioneros jesuitas y combonianos estábamos implantando esa Iglesia en medio de la sabana, en un contexto islámico que avan­zaba agresivamente. Bajo los ár­boles mangueros nos reuníamos en comunidades hambrientas de la Palabra de Dios. El anuncio del Evangelio era portador de Vida para éste pueblo empobrecido. Hoy, treinta años después, el Chad tiene una iglesia autóctona estructurada, con gran dina­mismo y grandes desafíos.
Después de estar seis años en Granada como formador de postulantes y animador del movimiento de LMC (Laicos Misioneros Combonianos) me enviaron de la sabana africana a la sel­va, en la cuenca del Congo en medio del pueblo pigmeo, en Mongoumba, República Centroafricana.

Sí, la misión no se elige..., se recibe: Nueva misión en­tre el pueblo pigmeo-Aka, víctima de un sistema de ex­plotación que les ha expul­sado de la selva, y humillado por el resto de la población, que les considera "no-pue­blo, no-personas".

A estos pigmeos anun­ciamos el Evangelio de Jesús que es la vida de Dios. Crea­mos escuelas para ellos, promovimos el acceso a la salud, la lucha por la justi­cia, buscamos la conversión de los opresores... Así nació una pequeña comunidad pigmea de bautizados. Fue un trabajo precioso de in­clusión eclesial e inserción social para aquellos que es­taban fuera. Un pequeño pu­ñado de pigmeos-Aka se re­conocía ya parte de la Iglesia y participaban plenamente del Amor y la Misericordia de Dios y de la Iglesia.

Cuando estaba prepa­rando maletas para regre­sar a España y poder aten­der a mis ancianos padres después de treinta años de vida misionera fuera, en julio de 2017, el papa Francisco me nombró obispo auxiliar de Bangassou. Una diócesis de la Re­pública Centroafricana a mil kilómetros de mi lugar de misión, donde yo nunca antes había puesto el pie, ni conocía a sus gentes.
Aquí llevo dos años viviendo el Evangelio en medio de una violencia extrema y una guerra que dura ya siete años. A 800 km de la capital, sin carre­teras, bajo custodia de los cascos azules y oprimidos por grupos armados que matan, queman y violan a una población dispersa que huye, sufre y muere. Un cuarto de la población está refugiada o desplaza­da. Sí, la misión no se eli­ge... se recibe.


La misión nace del des­bordamiento del Amor de Dios

Los misioneros no he­mos ido a bautizar "negri­tos”; no hemos ido a ha­cer proselitismo, a crear adeptos, o a transmitir una cultura superior... No. Enviados como tes­tigos del Amor de Dios en situaciones extremas: como puede ser el con­texto de una Iglesia na­ciente en el Chad, de los pigmeos considerados como esclavos, o de la crueldad y deshumaniza­ción de la guerra, ahora.
Las palabras del Evangelio de Juan nos Inspiran: "Tanto amó Dios al mundo que le envío a su Hijo úni­co... No para condenar al mundo... sino para salvarlo”
Sin este amor que mana de Dios no hay misión posible. Nuestra mi­sión es la continuación de la misión de Jesús de Nazaret, "como el Padre me amó yo también os he amado...; como el Padre me envió, yo también os envío...”

La misión tiene un carácter esponsal con dos alas como el águila: Amor a Dios... y Amor a un pueblo.

La primera ala de la misión nace en la fuente trinitaria que es el Amor de Dios. Sin esta agua del Amor de Dios no hay misión posible. Podrá haber desarrollo humano, ideología, filantropía... pero una misión, manca del Amor de Dios, no podrá nunca inspirar una humanidad nueva, una perso­na plena.
Nuestra misión se fundamenta en ese Amor de Dios del que habla­ba san Daniel Comboni: “los ojos fijos en Jesucristo, amándolo tiernamente, y preguntándose qué quiere decir un Dios muerto en cruz por Amor a  nosotros...’’. Cuando me nombraron obispo, consciente de que no soy un príncipe para tener escudos, di­señé un logo con un dibujo donde el crucificado abraza desde la cruz a Comboni, que a su vez abraza el África. Dicha África se ha converti­do en el corazón de Jesús, que sigue sangrando hoy. Por ello el lema de mi episcopado: "Me amó y se entre­gó por mí" (Gal 2, 20). Ese Amor de Dios se convierte en Amor hacia Dios... y Amor al pueblo.

Este Amor a Dios tiene ros­tro concreto, y es la segunda ala: el Amor fiel e incondicional a un pueblo.


Cuando en medio de la guerra todos se fueron..., nosotros nos quedamos con nuestro pueblo. Nos quedamos ante el dolor y la impo­tencia de quien ve sufrir a un ser querido, sin poder apenas hacer nada. Así nos ocurre a nosotros.
Permanecemos muchas veces con el pueblo humillado y marti­rizado, como se está ante un ser querido en fase terminal sin poder hacer nada...; simplemente acari­ciando muchas veces su mano..., pero sintiendo que se nos va. Me identifico con María, al pie de la cruz, “Stabat Mater”. Estaba. Así nos está ocurriendo muchas veces a nosotros en esta guerra.

La vocación misionera compor­ta ese "hacer causa común con un pueblo”; y esto, hasta las últimas consecuencias. Cuando estás con los pobres, sin duda van a salpicar­te sus heridas, sus enfermedades, la violación de sus derechos... Lo que les afecta a los pobres te afec­ta a ti... hasta la muerte.

El 20 de mayo de este año ase­sinaron en Centroáfrica a la her­mana Inés Nieves, una religiosa burgalesa de 73 años. La degolla­ron. ¿Por qué? En la Eucaristía que celebré hace poco en la catedral de Burgos con su familia desvelé el secreto de su muerte. A la herma­na Inés la mataron por Amor, solo por Amor a su Dios, por Amor a un pueblo...

El Cristo en cruz que llevaba al cuello se lo entregué a la hermana de sor Inés, como prueba de por qué, mejor, por quién la mataron. Luego entregué la alianza, que ella llevaba en su dedo, al arzobispo de Burgos, don Fidel, en signo de fidelidad hasta dar la vida por el Evangelio. En estos siete años de guerra han asesinado a miles de personas inocentes, muchos de ellos eran cristianos, entre ellos, solo el año pasado, mataron a 5 sacerdotes... La misión no es una experiencia; es el don total de una vida; la misión no tiene fecha de caducidad; hasta dar la vida... has­ta el extremo.

¿Dónde está el corazón de la misión?

El día de mi consagración epis­copal en la catedral de Bangui, a 800 km de mi catedral en Bangassou, ocupada por los refugiados musulmanes que salvamos de la muerte, manifesté, a la gente que me acompañó, el sentido de mi consagración. Insistí que no era una promoción personal, sino el guiño de Dios a este pueblo, la pro­moción de Dios a este pueblo su­friente que en mi persona les dice: "Estoy con vosotros". Mis palabras giraron en torno a esas palabras del profeta: "TU DIOS BAILARA POR TI”.

Este es el corazón de la misión: un Dios que salva...un Dios que ca­mina con el pueblo...que llora y sufre con él... Un Dios que ama apa­sionadamente al pueblo, que es su alegría más profunda: "tu Dios bailará por ti”. Un Dios que abre un futuro a este pueblo herido. Es el Dios de la Vida; nuestro Evangelio.

A este Dios de la Vida le damos rostro en esos miles de niños sin escuela. Desde siempre, pero aho­ra con más ahínco, abrimos un fu­turo para esos niños en medio de la guerra. Las escuelas del Estado en nuestra provincia están cerra­das..., generaciones enteras de ni­ños sin escuelas. La escuela pone cara al Dios de la Vida: "He venido para que tengan vida y una vida en abundancia".

“Yo soy la Vida”, dice Jesús. Todo esfuerzo por luchar contra lo que destruye la Vida es manifestación del Dios de Jesús. Seguimos ba­tiéndonos porque nuestro pueblo pueda acceder a la sanidad; que puedan tener acceso a los medica­mentos, que nuestro hospital fun­cione en medio de la guerra; que los huérfanos conozcan el calor de un hogar; que los viejos vivan con dignidad su vejez...

La misión, en nuestro contexto hoy, es también apertura al dife­rente; diálogo interreligioso para que musulmanes y cristianos po­damos vivir reconciliados a pesar de las heridas mutuas que supuran dolor. No podemos vivir la misión sin un trabajo, a veces artesanal, por la justicia.

Con el teólogo Metz, pienso que hay demasiados cánticos en nuestra Iglesia y pocos gritos de indignación; demasiada compla­cencia y poca nostalgia de un mun­do más humano; demasiado con­suelo y poca hambre de justicia. La justicia y la paz se abrazan. No puede haber paz sin justicia. La Conferencia episcopal no nos can­samos de gritar: justicia, justicia, para el pueblo humillado.

Y en el centro de la misión ese anuncio explícito de Jesucristo, la Vida Plena de Dios que se nos ha re­galado. Ofrecer esta vida de Jesús a los catecúmenos que piden ser bau­tizados, en las liturgias y la oración de las comunidades, en los sacra­mentos, fuente de vida: "Por Cristo, con El, y el El". Como diría Pablo: “el amor de Cristo nos quema... Llevamos en nuestros cuerpos las marcas del Señor Jesús...", “los ojos fijos en Jesús, amándolo tiernamente..."

¿Quiénes son los misioneros?

Desde hace más de cincuenta años, todos los Papas nos insisten que todos somos misioneros. La Iglesia, o es misión, o si no, no es la Iglesia de Jesucristo. Los pigmeos lo comprendían muy bien cuando les decía que la fe en Jesús es como una mujer encinta que, si no quiere dar a luz, el niño se le muere den­tro y arriesga su propia vida. Así, la Iglesia es misión, vive en y para la misión... A una Iglesia sin misión se le muere el Niño que lleva dentro.
Es esta una insistencia que el papa Francisco repite una y otra vez pidiendo: una Iglesia pobre y para los pobres...; una Iglesia en salida...; una Iglesia hacia las peri­ferias...; una Iglesia que sea “hos­pital de campaña”...; "prefiero una Iglesia accidentada porque salió, a una Iglesia pulcra e inmaculada, porque nunca salió”.

La misión está allí, lejos... y la misión está aquí, cerca. La misión allá lejos no se puede hacer si no se ha vivido aquí; y la misión, aquí, no es verdadera si no se hace mirando el allá lejano. Todo bautizado está en estado de misión, aquí y allá. Su­perando el mero concepto geográ­fico, con el papa Francisco decimos: NO TENEMOS MISIÓN... SOMOS MISIÓN. “TU ERES MISIÓN”.


Entonces, ¿para qué ir allá le­jos, si la misión también está acá, en nuestros barrios...? ¿Cuál es la particularidad de la misión “ad gentes”? ¿Cómo situarse ante la constante interpelación que se nos hace a los misioneros “ad gen­tes" desde instancias eclesiales, incluso, jerárquicas: "regresad; aquí también se necesitan misioneros”?

A partir de mi experiencia ofrezco cuatro aspectos que ca­racterizan, sin apropiarse de ellos, la “misión ad gentes”:

Ø  La misión “ad gentes” es ante todo expresión de la GRATUI- DAD DE DIOS. Dios es gratui­to y se da, se entrega sin pedir nada a cambio. Nuestra pre­sencia misionera muchas veces no es lógica ni rentable, no tie­ne cordura, no se comprende... como el amor gratuito no se comprende. Más que dar cosas, la misión es dar-se. La misión es gratuidad.

Ø  La misión “ad gentes” es SALIR. “Deja a tu padre y a tu madre y vete a una tierra que yo te mos­traré”. ¿Qué quiere decir salir?
Todos estamos invitados a salir, pero para la misión ad gentes es salir hacia las fronteras de la humani­dad: la guerra, el hambre, la explotación... Los que vivimos en el sur, sabemos mucho de esas fronteras de los países que nos aco­gen; fronteras donde eres extranjero y no tienes nin­gún derecho..., donde eres completamente vulnerable y estás a la merced del otro.

Eso es salir: Dejar tu propia seguridad, tus derechos, tu cultura... El misionero es aquel que va con amor ha­cia el diferente; aquel que es capaz de rezar con gen­tes de otros credos; aquel que acepta gozoso otras culturas diferentes a la suya; aquel que aprende lenguas diferentes... Ese salir implica dejar tus propias seguridades. Hay una imagen bíblica que ins­pira mi ser misionero: Cuando Jesús, caminando por las aguas, se acerca a la barca de los após­toles y Pedro, estupefacto, pide a su Señor de ir hacia él sobre las aguas...

Sí, Jesús nos interpela desde fuera de la barca... Hay que de­jar la seguridad de lo conocido. El misionero ad gentes es el que está con un pie dentro de la barca y otro fuera pues su Se­ñor le interpela y le llama desde fuera. Sal de tu tierra...

Ø  La misión “ad gentes" es OPCION POR LOS POBRES entre los más pobres. Es compartir vida y des­tino con aquellos que no cuen­tan, aquellos que no son noti­cia... porque, como canta María, Dios es un Dios con los pobres, que “derriba del trono a los pode­rosos y levanta a los humildes”.

No es que los pobres sean me­jores personas, más justos o amables... Los pobres son aque­llos a quienes las condiciones de vida, el descarte, la pobreza, la guerra, la injusticia, la enfer­medad... hacen más difícil creer en el Dios-Amor de Jesús.

En Centroáfrica llevamos ya siete años de una guerra injusta (como todas) donde catorce grupos armados, fi­nanciados desde el exterior, ambicionan y roban, como de­predadores, el subsuelo rico en oro, diamantes, uranio...

Esto ha provocado masacres horribles y la huida de sus pueblos de más de 1/3 de la población nacional. Han des­truido toda la infraestruc­tura de nuestro Estado, que figura el último en el ranking mundial de desarrollo, con una media de vida de menos de 50 años y una mortandad infantil que alcanza el 20%. El 60% de nuestra población necesita ayuda humanitaria para comer una vez al día. Las grandes potencias mundiales están haciendo un desastre ecológico sin precedentes. Aquí están los pobres.

Ø  La misión ad gentes comporta totalidad, TODA LA VIDA. La misión es una cuestión de amor y, en el amor, no valen "expe­riencias”. El amor exige fideli­dad hasta el final: aquí y allá. De esto han hablado y siguen ha­blando los 70 millones de már­tires por causa de Jesús de Nazaret. Testigos anónimos que dejan sus vidas en el silencio de una cotidianidad escondida por amor. Aquellos que fueron des­gastando sus vidas en silencio: "No hay mayor amor que dar la vida por aquellos que se ama"

El hermano Christophe, monje de Tibhirine, asesinado con sus hermanos de comunidad, escribe en su diario una conversa­ción que tuvo el prior, hermano Christian, con un vecino del convento:
·         “¿Sabes?, somos como un pája­ro en una rama, dice el hermano Christian
·         Y el vecino respondió: “Mira, la rama sois vosotros y el pája­ro somos nosotros; si cortan la rama...”

La misión es dar y recibir

Percibo que, desde el norte, a veces se ha instalado una mentali­dad un tanto paternalista de la mi­sión, entendida como beneficen­cia: dar, ayudar, enseñar, curar... La verdad es que la misión es el gran tesoro de un bautizado, solo cuando se está abierto a dar pero también a recibir. Una actitud al­truista que solo quisiera dar ra­yaría con la soberbia... La misión es DAR..., y RECIBIR. La misión te modela, te enriquece, te cambia... ¡Cuánto dio el leproso a Francisco de Asís...! ¡Cuánto enriquecieron los negros a Comboni...! ¡Cuánto iluminaron los pobres y moribun­dos a Teresa de Calcuta...!

Mi vida, después de 30 años en África, ha cambiado. El gran tesoro de mi fe se ha enriqueci­do, creo que se ha purificado; mi oración se ha hecho más simple; mi lectura del Evangelio es hoy en clave de África y del pueblo africano... ¡Cuánto le debo yo a África! Estoy convencido que la salvación gratuita de Dios me viene de mano de los pobres; de alguna manera, ellos, los africa­nos, me salvan; ellos, los pobres, nos salvan.

Por ello, el misionero, cons­ciente de los dones recibidos, es aquel que, a pesar de los pesares, sabe decir GRACIAS. Gracias a Dios y gracias a los hermanos con los cuales ha compartido su fe.

¡No nos dejemos robar nuestro BAUTISMO!
¡No dejemos que se ahogue en no­sotros el PROFETISMO!
¡No permitamos que se nos apa­gue la ALEGRIA DEL EVANGELIO!
¡No nos dejemos robar el ESPIRI­TU MISIONERO!
¡DIOS ES MISIÓN!
¡LA IGLESIA ES MISIÓN!
¡TÚ ERES UNA MISIÓN!


Encuentro VEM y Festival Canción Misionera

Invitados especiales el Grupo "Siembra"


El sábado día 8 de Febrero, nos reuniremos en el Seminario de San José para celebrar el día de Infancia Misionera en el Encuentro VEM.

Por la tarde, la música nos evangeliza. Cuatro grupos participaran este año en el Encuentro-Festival de la Canción Misionera. Después el Grupo "Siembra" nos dará un pequeño concierto con canciones de su país: Perú.

Os animamos a todos a participar y disfrutar de ser pequeños misioneros.




"En nombre de los refugiados en Egipto, os doy las gracias"

RUEDA DE PRENSA - INFANCIA MISIONERA 2020
Expedita Pérez, ante la Jornada de Infancia Misionera


La Iglesia católica vela por la vida de millones de niños en todo el mundo. La misionera comboniana Expedita Pérez ha puesto rostro a algunos de ellos en la rueda de prensa de presentación de la Jornada de Infancia Misionera, que se celebra el próximo domingo 26 de enero. Niños refugiados en Egipto, que han huido de Sudán del Sur, y encuentran dignidad con las misioneras. Y no están solos, porque cuentan con las ayudas de Infancia Misionera, cuyo lema de este año es “Con Jesús a Egipto, ¡en marcha!”. Esta Obra Pontificia envió en 2019 a nivel mundial más de 15 millones y medio de euros -de los que cerca de dos millones salieron del bolsillo de los niños españoles- a más de 4 millones de niños en las misiones.
21/01/2020

Gnok nació con los pies hacia atrás en Sudán del Sur. Cuando tuvo que huir, llegó a Egipto como refugiado, y allí conoció a la misionera comboniana Expedita Pérez. Ella le acompañó y consiguió que le pudieran operar hasta en cuatro ocasiones para colocar sus pies hacia delante. Su historia se une a la de Sucre, que perdió su brazo en un ascensor, y en el hospital no podían ponerle morfina por falta de medios económicos. Y se suma a miles de historias de niños que tienen que huir, y que son atendidos por los misioneros en Egipto.

Expedita Pérez ha vivido más de 15 años en Sudán y en Egipto, y conoce bien la realidad de los pequeños. “En la actualidad hay 248.000 refugiados en Egipto. 94.000 de ellos son niños, y cerca de 3.000 son menores no acompañados, han llegado solos”, ha explicado esta mañana en la rueda de prensa. La Iglesia católica les acoge, y les ofrece educación, alimentación y apoyo, ya que no pueden asistir a las escuelas públicas.  “Nosotros trabajamos con niños, pero en seguida entras en contacto con las familias enteras”, explica la misionera, quien da fe de las ayudas recibidas por Infancia Misionera. “En nombre de la Iglesia, y de los refugiados quería daros las gracias”.

“Infancia Misionera ayuda a que en los Territorios de Misión haya la posibilidad de que los niños crezcan con dignidad, y puedan conocer a Dios”, ha explicado José María Calderón, director nacional de Obras Misionales Pontificias, institución que lleva adelante Infancia Misionera. Tal como ha indicado, Infancia misionera es una red mundial de niños, presente en 120 países, que se forman en la misión y ayudan a los niños necesitados en las misiones.

En 2019, esta Obra Pontificia envió 15.59.363€ a las misiones, para apoyar 2.864 proyectos de ayuda a la infancia en los Territorios de Misión, de educación, salud, protección de la vida y alimentación y evangelización. De los bolsillos de los niños españoles salieron casi dos millones de euros. ¿Cómo es posible? Porque en Infancia Misionera los niños participan activamente en la misión de la Iglesia. “Infancia Misionera crea la conciencia en los niños de que son misioneros, son importantes a la hora de evangelizar”, ha afirmado Calderón.


Infancia Misionera, escuela de sensibilización misionera para niños

Los niños hacen sus aportaciones, como fruto de un trabajo de sensibilización misionera, que se lleva a cabo en las parroquias y colegios. Según ha desgranado Calderón, Obras Misionales Pontificias ofrece a lo largo del año materiales a catequistas y profesores con el proyecto “Con Jesús, niño a la Misión”, en la que los niños españoles están conociendo al niño Jesús por los lugares geográficos que visitó en su infancia.

Este curso está centrado en Egipto (“Con Jesús a Egipto, ¡en marcha!”). Los niños españoles “viajan” con la Sagrada Familia a Egipto para descubrir el sentido misionero de este tiempo de huida y persecución. Egipto permite trabajar con los niños aspectos de actualidad como son las migraciones, la multiculturalidad y la familia. Desde OMP se ofrecen recursos para que los niños puedan rezar, informarse, y acompañar a Jesús en su huida; y crea un concurso nacional al año –en esta edición, de podcast-. Además, este año, como novedad, ha convocado un campamento de verano.

Así lo ha contado Monsterrat Prada, delegada diocesana de misiones en Zamora, que pone a pie de calle todas estas propuestas de Infancia Misionera para llegar a los niños de su diócesis. “Hay que hablar a los niños de hoy con el lenguaje de hoy”. Y por ello, intenta de una forma vivencial, que los niños aprendan a ser misioneros. Cerca de 700 niños de su diócesis se dan cita este sábado para vivir en primera persona el drama de los refugiados a través de un scape room. “¿Qué aporta Infancia Misionera a los niños de hoy?: Que aprendan a ser más abiertos, a conocer nuevas realidades, a interesarse por alguien más que por ellos mismos”, ha concluido.
Para ver fotografías del acto y de Gnok:
https://www.flickr.com/photos/130054684@N03/

Para ver el dosier de prensa de Infancia Misionera con toda la información:
https://www.omp.es/wp-content/uploads/2020/01/ALTA-CALIDAD-INFANCIA-MISIONERA-2020-Dosier-de-prensa.pdf/

Para ver el vídeo de difusión de Infancia Misionera “¿Quién estuvo contigo?”:
https://www.youtube.com/watch?v=jhxfUCXMgtA



Burgos, 19 de diciembre de 2019

Queridos compañeros/as en la Misión

Estamos ya en la preparación inmediata de estos días de Navidad. Quiero aprovechar la ocasión para saludaros y felicitar la Navidad.
A lo largo de este año que se nos va hemos tenido importantes acontecimientos misioneros en nuestra diócesis. En marzo la Facultad de Teología organizó el Simposio de Misionología sobre el pensamiento misionero del papa Francisco. En el mes de julio tuvo lugar la Semana de Misionología con el tema “futuro de la Misión” y el día del Misionero Burgalés en Roa de Duero.
El Mes Misionero Extraordinario ha dado lugar a muchas convocatorias y actividades a nivel diocesano, arciprestal y parroquial. A nivel nacional tuvimos el Congreso Nacional de Misiones en Madrid. Para Burgos ha sido un importante aldabonazo para conocer nuestra historia y lanzarnos al futuro de nuestra misión. El 30 de abril de 1919, el Papa Benedicto XV escribía al recién nombrado arzobispo Juan Benlloch una carta personal para encomendarle la fundación del seminario nacional de misiones para el clero secular. El 12 de junio tomaría posesión de la diócesis; el 3 de diciembre de 1920 inauguraba el Seminario y publicaba la carta pastoral “Las misiones extranjeras, invitación Pontificia a Burgos”. Este año 2019, el 3 de diciembre, el IEME inauguró un año de actividades para conmemorar el Centenario de su existencia. Les felicitamos y nos unimos a sus intenciones y celebraciones.
Desde ese momento hasta hoy han sido muchos los misioneros y misioneras que en nuestra diócesis han descubierto y vivido la vocación misionera. Que la encarnación de ese niño que se hace hombre, nos ayude a valorar la vocación que hemos recibido y a compartir nuestra vida con los más necesitados.
Agradeceros a todos vuestra vida entregada en cada circunstancia en la que os encontráis y un fuerte abrazo. Estamos a vuestra disposición en la Delegación de Misiones. Feliz Navidad y próspero año 2020.


Ramón Delgado, Delegado de Misiones

José María Rodríguez: "El Papa busca que las minorías se sientan parte importante de la Iglesia"

                                                                     (Fuente: Religión digital -  José Manuel Vidal)


José María Rodríguez, sacerdote de la diócesis de Burgos, trabaja en Tailandia como miembro del IEME. Llegó en 1995 y, salvo dos años de estudios en India y cinco como secretario general del IEME, ha permanecido en la iglesia local de Udon Thani. En esta diócesis del noreste, a orillas del río Mekong, hay unos 16.000 católicos dispersos entre más de cinco millones de habitantes, la inmensa mayoría budistas. En el resto del país la proporción es similar. Nos va a hablar en la entrevista de cómo cristianos y budistas en Tailandia tienen el deber de comprometerse "a favor de los que sufren la injusticia" de la trata de personas o la pena de muerte. Y de cómo muchos tailandeses esperan al papa con su mejor sonrisa.
 ¿Qué cree usted que busca el Papa con su visita a Tailandia?
Creo que el Papa es bastante predecible; así lo demuestran bastantes de sus viajes y actitudes. La iglesia en Tailandia es minoritaria. Eso claramente atrae al Papa. Él se siente cercano de las minorías y busca que las minorías sientan que son parte importante de la Iglesia. Bueno, también lo fueron para Jesús al acercarse a los más pequeños, al hablarnos de semillas, levaduras y ovejas perdidas… ¡Tal vez la palabra “minoría” no implique el aspecto negativo de la carencia a la espera de alcanzar todo el esplendor de la “mayoría”!
¿Con este nuevo viaje se ratifica, una vez más, que la nueva frontera del catolicismo pasa por Asia?
San Juan Pablo II habló del tercer milenio como el de Asia. Es cierto que este continente está habitado por dos tercios de la población mundial. Pero sobre el aspecto cuantitativo destaca el aporte cualitativo que Asia puede aportar a la Iglesia. Asia es, en verdad, el contexto multirreligioso más asombroso. Sus valores: el amor a la contemplación, la sencillez, la armonía, el desapego, la no violencia, el espíritu de duro trabajo, de disciplina y vida frugal… No son ajenos al evangelio, pero tal vez necesitan el agua del testimonio que Asia ofrece para crecer.
"La gente que identifica el budismo con la idolatría del nacionalismo, con la exaltación al Rey y tradiciones… dejan poco espacio en sus vidas para el diálogo"
¿Qué frutos espera que se consigan con la visita papal a Tailandia?
Para la pequeña Iglesia tailandesa sueño con una vivencia alegre y sin complejos de los discípulos de Jesús en el que la dimensión testimonial-misionera surge espontáneamente. Que el impulso del Papa, que en este viaje vuelve a salir del centro hacia la periferia, nos lance a abrirnos a nuevas orillas.
Y para la iglesia universal, espero que su mirada a Oriente la enriquezca con los muchos dones que el Espírito ha regalado en las muchas antiguas culturas, religiones y tradiciones de Asia.
¿Cuáles serán los momentos más importantes de la visita al país: el encuentro con el Rey, el encuentro con el Patriarca Supremo budista...?
Para la imagen internacional del país, el encuentro del Papa con el nuevo Rey, con el gobierno, que prolonga el golpe militar de hace unos años con apariencia democrática, serán muy convenientes y apreciados.
El 16 de mayo 2018, el Papa recibió en el Vaticano la visita de una delegación de cincuenta monjes en nombre del Patriarca supremo budista. Es natural que Francisco sea agradecido a ese gesto y de calor a una relación de aprecio mutuo.
¿Y los católicos tailandeses? Están muy ilusionados con la presencia del Papa en “su casa”. Expresión más concreta de ello será la multitudinaria celebración de la misa en el estadio nacional. Se espera la asistencia de unos 55.000. La asistencia desde mis comunidades les exige viajar toda la noche, asistir y volver de nuevo a casa de noche. El esfuerzo lo hacen a gusto y no faltará su mejor sonrisa para regalar.
¿Es posible el diálogo en profundidad y en igualdad con el budismo?
Sí, sí. Los discípulos coherentes de las religiones vivas, no pueden no sentirse atraídos al encuentro, a conocerse, a compartir, a escuchar y hablar. Los seguidores de sucedáneos de religión se aislan, se enquistan en el inmovilismo. La gente que identifica el budismo con la idolatría del nacionalismo, con la exaltación al Rey y tradiciones… dejan poco espacio en sus vidas para el diálogo.
Pero también quiero resaltar un nivel básico de diálogo que es el llamado diálogo de vida; diálogo que ya es parte de la vida diaria y sencilla de la mayoría de los cristianos tailandeses. En mis pueblos veo cómo cristianos y budistas comparten la alegría de un nuevo nacimiento o una boda, el trabajo en las tareas del arroz, el dolor de la enfermedad o de la muerte. Esto es auténtico diálogo y tal vez más exigente que el uso del micrófono o sentarse en una mesa cara a cara. El diálogo de vida compromete el testimonio de la persona entera.
¿Alzará el Papa su voz contra la pena de muerte, contra el capitalismo que mata o contra la trata y la explotación sexual?
Espero que no, al menos expresamente. Me explico. Tailandia acoge no al súper organizador de una Iglesia en “misión de rescate”, sino a un líder y guía espiritual universal, hermano de todos los que trabajan por la paz, por la dignidad de las personas. Somos los cristianos de este contexto en el que vivimos, los que debemos comprometer nuestra vida a favor de los que sufren la injusticia. Para ello, budistas y cristianos, debemos superar la tendencia a la secularización y reavivar nuestros valores más genuinos; porque el dolor del hermano nos urge igualmente.
¿La imagen pública y la credibilidad del catolicismo en Tailandia saldrán reforzadas con la presencia del Papa Francisco?
Espero que así sea. La sola presencia del Papa ya nos alienta a reavivar la dimensión católica de nuestra fe, siempre planta muy débil ante las amenazas de los exclusivismos y particularismos. Francisco es testimonio alegre de un evangelio, que dejando aparte muchas “florituras”, es vivido en sencillez. Su testimonio nos invita a renovar el encuentro personal con Jesucristo y a entusiasmarnos por la misión de ofrecer el evangelio que responde a las necesidades más profundas de las personas.

"Sobre lo cuantitativo destaca el aporte cualitativo que Asia puede aportar a la Iglesia"


"Para la pequeña Iglesia tailandesa sueño con una vivencia alegre y sin complejos de los discípulos de Jesús en el que la dimensión testimonial-misionera surge espontáneamente"

"La asistencia desde mis comunidades al encuentro con Francisco les exige viajar toda la noche, asistir y volver de nuevo a casa de noche. El esfuerzo lo hacen a gusto"

"Para la imagen internacional del país, el encuentro del Papa con el nuevo Rey, con el gobierno, que prolonga el golpe militar de hace unos años con apariencia democrática, serán muy convenientes"

"En mis pueblos veo cómo cristianos y budistas comparten la alegría de un nuevo nacimiento o una boda, el trabajo en las tareas del arroz, el dolor de la enfermedad o de la muerte"


Bautizado en Parroquia de San Gil (Burgos) y enviado al Alto (Bolivia)


En octubre del año mil novecientos sesenta y dos, más concretamente, el día de la Virgen del Rosario, nací a la vida de Cristo. Treinta cuatro años más tarde salía de casa de mis padres para nacer de nuevo en El Alto (Bolivia).
Había sido ordenado sacerdote en mil novecientos ochenta y siete, y, durante mis años en el seminario, vi desfilar un montón de misioneros a los que admiraba, pero que no conseguían suscitar ningún cuestionamiento sobre mi vocación.

Años más tarde, recibí una invitación para visitar El Alto y, después de mucha insistencia, decidí conocer aquella realidad que parecía requerir tanto mi presencia. Podría decirse que fui de turismo misionero, porque estuve colaborando en una parroquia durante un mes. Algo empezaba despertarse, aunque de manera aún latente. Al año siguiente, repetí la experiencia y se me concedió reconocer el paso del Buen Pastor por aquellas pampas y entre aquellas gentes. Fue la llamada dentro de la llamada.

Cuando regresé a Burgos tenía claro que debía expresarle lo acontecido a don Santiago, el arzobispo, y encontré en él una aceptación total, más que eso, una sintonía con su propio sentir misionero. Después de un año, me enviaba como sacerdote cedido a la recién creada Diócesis de El Alto. Desde entonces llevo adelante la misión en esta ciudad situada a los pies de los Andes bolivianos.

Tras un año de adaptación y conocimiento de la realidad en la parroquia que me había acogido en las experiencias anteriores, fui nombrado párroco del sub-distrito 3 de la ciudad de El Alto en una jurisdicción que fue puesta bajo el patrocinio de la entonces beata Nazaria Ignacia, que ha sido canonizada en octubre del dos mil dieciocho.

La labor que he realizado durante estos años. 

Esté octubre también he celebrado la vida de otro misionero de a pie, mi padre partió para la casa del Padre.

Pascual, mi padre, se ha ido

Y lo ha hecho de puntillas, como era su estilo.
Lo suyo fue pasar por la vida haciendo el bien de puntillas.
Había nacido en un pueblecito desconocido y de una familia humilde; y vivió sencillamente deteniéndose con todos los que se le encontraban.
Su mirada tenía una chispa de bondad por la que yo suspiro para poder ser -como os confesé aquí mismo en mis veinticinco años de sacerdocio- un destello  del amor del Buen Pastor para vosotros y para mis hermanos del Alto, Su cuerpo entro ayer, por última vez en este templo, ya no por sus propios pies como lo había hecho cada día durante tantos años. Lo había hecho especialmente el día del matrimonio con Agustina. lo había hecho el día del bautismo y de la primera comunión de sus hijos. Lo había hecho el día de mi ordenación sacerdotal y el día de la boda de mi hermana (Mª Carmen y Toño), y como no el bautismo de su primer nieto. Lástima que ya no me sirva el skype para verlo.
Ahora , disfrutará de su misión sin tener que dar tantos paseos y escuchando nítidamente el canto del Cordero, más aún, entonándolo en nombre de todos nosotros, su familia y su parroquia, sus allegados y sus alteños adoptados.
Gracias, Pascual, por tantas lecciones y porque ahora te derramas en bendiciones abundantes que el Señor desea darnos por tu intermedio.
Gracias, papá. También quiero dar gracias a mi hermana que lo ha cuidado todos estos años desde que se nos adelantó en partir la mamá. Gracias porque también has tenido que despedirlo sin tu hermano. Gracias por no dilatar la despedida y por favorecer este primer día de su otra forma de estar con nosotros- de ello se encarga el Resucitado-.
En la fe en Jesús Resucitado, Señor de la historia de cada una de nuestras historias, la que hoy nos llena de esperanza para "aguantar en la brecha" -"Aquí aguantando", solía decir él- no con la resignación de quien se cansa de vivir, sino con el santo coraje de quien pone en manos de Dios lo poco que es para que haga sus milagros cotidianos.
Gracias a vosotros por tanto cariño y por vuestra oración. Bendito seáis; y que todos lleguemos a ser bienaventurados.
Turbado en mi alma y, quizás, también aturdido por el largo viaje, hoy no puedo dejar de gritar: ¡Tú amor, Señor es más fuerte que la muerte!

Juan Carlos Devesa de la Cruz