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“Misioneros por el Mundo” en Colombia

“Misioneros por el Mundo” en Colombia

Los misioneros cuidan de los niños y ancianos más desamparados



TRECE TV estrena el domingo 20 de enero a las 13,45 un programa de “Misioneros por el Mundo” grabado en Colombia con la colaboración de Obras Misionales Pontificias España. Colombia es un país en el que permanecen más de 300 misioneros españoles y que cuenta con numerosos territorios de misión (una diócesis y once vicariatos apostólicos) que dependen  la la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y de las ayudas que reciben de Obras Misionales Pontificias.

Andagoya es un pequeño pueblo de la selva colombiana donde tienen su misión las Madres de los Desamparados y San José de la Montaña, que quieren ser “madres para los desamparados”, sean niños o ancianos. Entre estas misioneras se encuentra Gloria Román, conocida como Madre Natividad. Esta burgalesa ‒que lleva 45 años como misionera en Colombia‒ cuenta el trabajo que las misioneras realizan en el Hogar, con los niños que llegan con graves problemas de desnutrición. El Hogar cuenta también con una zona dedicada a los ancianos, donde Madre Natividad aprovecha para “dar gracias a don Anastasio” (el director nacional de OMP en España fallecido en Madrid el 7 de septiembre de 2018). Desde el Hogar, las Madres de los Desamparados se desplazan por el río San Juan para visitar a la comunidad indígena de San Cristóbal, distante a unas 2 horas en lancha. Allí están las Hermanas Lauritas, una congregación nacida en Colombia, entre las que está la Madre Carmen, que hace de “médico” en esta zona agrícola y selvática, en la que la población afro convive con la indígena.

En Bogotá se encuentra el misionero comboniano Francisco Carrera, un español de la diócesis de Barbastro-Monzón, que lleva cuatro años en la ciudad evangelizando a través de los medios de comunicación de su Congregación: la revista “Iglesia sin fronteras”, la revista para adultos de los Combonianos en Colombi, y la revista infantil “Aguiluchos”; pero también la radio, que cuenta con un estudio en esta casa. En el Colegio Sagrada Familia de Nazaret, que las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret dirigen en Bogotá, se encuentra otra misionera española, la hermana Obdulia Vidal, de la diócesis de Lugo, que lleva 34 años compartiendo su vida con los colombianos. Ahora, con 91 años y ya jubilada, acompaña a los niños del colegio en el comedor.

También en Bogotá se encuentra la Comunidad Monástica Hermanos de Jesús Redentor, donde está el hermano José Ignacio Ortega, otro misionero burgalés que lleva 23 años en Colombia. Con el testimonio de este misionero podemos comprobar una vez más que “la oración es el alma de la misión”. En este Monasterio, los hermanos además de orar, tienen también una labor caritativa junto a enfermos de Sida y ancianos abandonados. También pintan iconos, con la ayuda de la rama femenina de la Congregación, en la que está la hermana Natividad, una sevillana que lleva en Colombia 7 años, viviendo con otras dos religiosas en la comunidad rural de Guatavita a 75 km de Bogotá, en el Monasterio de San José de la Adoración y Nuestra Señora de la Reconciliación.

Misioneros por el Mundo es un programado realizado por TRECE TV en colaboración con OMP. En esta nueva temporada, el programa se emite los domingos a las 13,45.

También se puede seguir en directo on line en: http://trecetv.es/directo; y tras su emisión, verse en la web del programa: http://trecetv.es/programas/misioneros-por-el-mundo

Títeres y juegos para promover la cultura de paz en Ecuador

El sacerdote y misionero burgalés José Antonio Maeso trabaja en el proyecto «Nación de Paz», que promueve la cultura del encuentro y la paz en Ecuador a través de juegos y títeres.


José Antonio (i), junto a un colaborador y Pazita
José Antonio Maeso es burgalés, sacerdote diocesano y misionero en Ecuador desde 2001, primero durante cinco años en Puyo y ahora en la provincia de Esmeraldas, una de las zonas más violentas del país, fronteriza con Colombia. Su labor fundamental es promover la cultura y educación para la paz empezando por los propios docentes, a través del proyecto social Nación de Paz, una iniciativa del Vicariato Apostólico de Esmeraldas que pretende dar respuesta a los desafíos de la niñez, adolescencia y juventud víctimas de la violencia. Además, es capellán de la cárcel.

El equipo de José Antonio no está formado por personal contratado, sino por muchachos que vienen del mundo de las pandillas y que han sido víctimas de violencia. «Todos saben qué es una balacera, cómo es un motín en la cárcel, todos han sido víctimas, han mamado la violencia y se han convertido en constructores de cultura de paz. Es gente que sabe a lo que juega», advierte. Y es que el juego (títeres, fútbol callejero, arte urbano) es la herramienta que utilizan para construir esa cultura de paz, una metodología admitida e integrada en el sistema nacional de educación. «El juego nos relaja, nos da mucha libertad y a la vez quita mucha peligrosidad a nuestro trabajo», asegura. «No se nos ve como una amenaza».

«Yo creo que nuestra misión fundamental no es cambiar el mundo, porque está bien complicado, pero sí hacer personas resilientes, personas supervivientes y sobrevivientes que, en medio de las dificultades, vean motivos de esperanza. Nosotros decimos que trabajamos en la prevención, que es como el jarabe para la tos, y la provención, que es como una mochila de herramientas que nos ayuda, cuando estalle el conflicto, a tener las habilidades suficientes para que sea de menor intensidad».

«También nos hemos convertido un poco en los bomberos de las emergencias educativas». El Estado acude a ellos para intervenir directamente con los profesores, con los niños, con toda la comunidad, y ofrecer atención psicosocial ante sucesos graves como secuestros, abuso sexual, incluso suicidios. «Acabamos siendo un instrumento de mediación».

Cuando comenzó a trabajar en el proyecto hace más de diez años hubo ciertos recelos por ser cura, reconoce. «Son países que generalmente, en cuanto a la educación, quieren ser muy laicos, para nosotros ha sido una dificultad». No obstante, aclara, «si a veces no podemos anunciar explícitamente el evangelio, anunciar a Jesús, sí lo hacemos implícitamente. Ahora que estamos en Navidad, cuando decimos que el nacimiento de Jesús se anunció como ‘gloria Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres’ o que cuando resucita dice ‘la paz esté con ustedes’, al trabajar en educación para la paz estamos transmitiendo los valores del evangelio. Al fin y al cabo, no creo que ser misionero sea tanto hacerlo de una forma explícita sino anunciar los valores del Reino de forma implícita».

De hecho, en su último proyecto educativo, «El tesoro de Pazita» (Pazita es un títere, mujer y afro, para más señas, que se ha convertido en todo un referente), José Antonio se encarga de poner en boca de este personaje los mensajes del papa Francisco, el Magisterio de la Iglesia sobre la violencia, la movilidad humana… «Cuando escuchan el mensaje, dicen: qué bonito, qué bien escribe, padre… “No lo digo yo, lo dice Pazita”, respondo. Quizá esto sirva un poco también para eliminar prejuicios, para dar una visión de la Iglesia diferente. Creo que también con nuestra presencia rompemos estereotipos. “¿Por qué haces eso?” Porque es de derecho. Porque esto viene de mi Iglesia, de mi casa, y os lo compartimos. Esto también es Iglesia, Iglesia no es solo la que sale en los escándalos y en las noticias».
 (Publicado en Revista Sembrar nº 1112/2019)

Estreno de la nueva temporada de “Misioneros por el Mundo” en Camerún

La nueva temporada de “Misioneros por el Mundo” ‒el programa de TRECE TV en el que Obras Misionales Pontificias colabora para dar a conocer la labor de los misioneros españoles en el mundo‒, se estrena el próximo domingo 13 de enero a las 13,45h. En esta primera emisión, “Misioneros por el Mundo” llega a Camerún, donde alrededor de 70 misioneros españoles acompañan actualmente a ese pueblo en su vida diaria. 

En la misión de Foumban están dos Hijas de la Caridad nacidas en Cartagena, la hermana Milagros Mateos López y la hermana Fuensanta Acosta Acosta.

Milagros está en Camerún desde 1980. Allí le llevó la Providencia, que, como dice ella, “cuando toca el corazón no se para en si eres de aquí o de allá”. Durante 25 años ha trabajado en la maternidad en la que encontramos a Fuensanta, que ha cogido su testigo, y está feliz ayudando a traer al mundo a cientos de niños. Fuensanta encuentra al Señor en los pobres y cree que el Señor está contento de que esté con ellos, por eso sigue en África.

Milagros se mueve en Baffousam como pez en el agua. En esta zona, el diálogo con los musulmanes es permanente en la vida diaria. Por ejemplo, la escuela San José es frecuentada por numerosos niños de esta religión, con los que la convivencia es excelente. Se trata siempre de escuelas superpobladas donde hay tantos niños que ni siquiera caben en los pupitres.

El padre Alfonso Ruiz Marrodán, jesuita de La Rioja, trabaja desde hace 15 años con chavales de la calle en el Hogar de la Esperanza, en Yaoundé. El misionero subraya que un niño no se va a la calle “por deporte”, se va porque “hay problemas”. El padre Alfonso intenta curar las numerosas heridas psicológicas de estos niños, la mayoría musulmanes, y dice que cuando crezcan recordarán que estuvieron en una institución cristiana en la que estuvieron muy a gusto. El mayor éxito para los responsables del “Foyer” es que los niños puedan volver a integrarse en sus familias.

En el Seminario Redemptoris Mater de Douala, hay muchas vocaciones y dos sacerdotes españoles, que trabajan para ayudar a madurar la fe de los jóvenes: el rector Eugenio Simón Martinez, de Bilbao; y Pedro Elías Munell, de Huelva. En Douala atienden una parroquia donde sólo el año pasado celebraron unos 200 bautizos. Inserta en un barrio musulmán, donde la convivencia ha sido siempre pacífica, sin embargo, en los últimos años se han producido algunos incidentes que han enturbiado la paz.

En Douala, la valenciana Amparo Sanchís, Esclava del Sagrado Corazón de Jesús, ayuda a que la educación llegue también a las pequeñas aldeas de la selva. La mayoría de los niños acude al colegio desde aldeas muy lejanas. En Bikop todavía hay muchas casas de barro, aunque algunas van siendo poco a poco reforzadas con madera o cemento. En esa zona, el cacao es el medio de subsistencia de las familias.

Epifanía, Jornada de los Catequistas Nativos y el IEME


El próximo día 6 de enero se celebra la jornada dedicada a los Catequistas Nativos, verdaderos protagonistas de la evangelización en las Iglesias de misión. En América, Asia y sobre todo en África su labor es inestimable, por la cercanía al pueblo de Dios en su vida cotidiana y por cómo plantan y cultivan la semilla de la fe, por enseñar a rezar a los más pequeños y vivir con coherencia a los mayores.

En la fiesta de Epifanía, manifestación del Salvador a todos los pueblos, la Iglesia llama la atención sobre la urgencia misionera con este recuerdo y apoyo a los catequistas en los territorios de misión. La organización y animación de esta jornada está encomendada por la Santa Sede al Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME). Y es que en la Epifanía se celebra también la fiesta misionera de este Instituto, verdadero cauce a la misión para los sacerdotes diocesanos en España.

El que un sacerdote diocesano partiera como misionero – algo que hoy en día parece tan común – no lo era hace un siglo. Entonces la misión ad gentes, abandonando el propio país y evangelizando en tierras lejanas, parecía estar abierta sólo a las congregaciones religiosas. Gracias al dinamismo misionero de sacerdotes de Burgos se abrió una nueva “cantera” misionera.

Fue el Papa Benedicto XV el que respaldó esta puerta a la misión. Un Papa que alentaba a los sacerdotes diocesanos a llevar el mensaje del Evangelio a todos los rincones del mundo. El Papa que escribió la carta apostólica Maximum Illud, el mismo año que se fundaba el IEME, y cuyo centenario ha llevado al Papa Francisco a convocar el Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019. Tras el cambio de mentalidad que supuso el IEME surgieron otros cauces para vivir la misión a partir de las diócesis, como las misiones diocesanas, los hermanamientos entre diócesis y parroquias, los acuerdos de colaboración…

La fiesta misionera de la Epifanía tiene por tanto dos destinatarios de la generosidad de los fieles, los catequistas y el IEME. La mitad de la colecta de ese día, correspondiente a los catequistas en los territorios de misión, se entrega a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que lo destina a su sostenimiento y formación. La otra mitad va destinada al Instituto Español de Misiones Extranjeras, pionero en la toma de conciencia de que todo cristianos es misionero, sea religiosa o religioso, sacerdote o laico.



OMPRESS-MADRID (21-12-18)