El tomate y el obispo de Puyo (Ecuador)

(Obispos desde claves de Aparecida)


Fue de broma en el desayuno del Domingo pasado. Tomé un tomate rajado y el sabor me pareció muy auténtico y natural. Lo comenté y bromeando  afirmé que en Puyo – Corazón de la Amazonía ecuatoriana- cada realidad tenía un sabor natural y auténtico: el obispo sabe a pastor, las sacerdotes a  apóstoles, las religiosas a entregadas, los  laicos a compromiso bautismal y misión…la fruta rica y variada en todos sus sabores.

Ciertamente ha sido una experiencia de baño en una realidad de autenticidad llena de naturalidad, humildad y sencillez. Antes de hacer el viaje a Ecuador, sabiendo que íbamos a ir la estación ambiental de la UTE en Pirando Mirador, junto a Mera, cercana a Puyo, Trinidad Ruíz que me ha acompañado, farmacéutica experta en botánica y directora de tesis de licenciados ecuatorianos, motivo por que el que íbamos a este lugar, había sondeado qué Iglesia había por allí, se encontró con el vicariato de Puyo y con su obispo Rafael, un burgalés de buena planta. Leyó noticias sobre él y sus actividades, así como de sus posturas y cercanía con los problemas de su región y su pueblo, me manifestó cierta alegría por su perfil. Incluso hablamos de que si podíamos nos acercaríamos a saludarlo y conversar con él. Tanto Trini como yo participamos en el Movimiento de Profesionales Cristianos y en nuestras motivaciones universitarias, incluido este viaje, entraba la conexión con aquella realidad en todas las dimensiones.
Hoy cuando volvíamos a Quito, tras estar en Puyo y su zona casi ocho días por motivo de una intervención quirúrgica rápida que me hicieron en el hospital general de allá, mi compañera me comentaba ante el último gesto del obispo, que obispos como el papa había más de uno, y que Don Rafael era uno de ellos aunque todos lo suelen vivir en el mayor de los anonimatos. Es que al ver que ya nos veníamos ha bajado para llevarnos en su propio coche a la estación de autobuses y  ha sido él quien ha pillado mis enseres y los ha subido al coche, los ha bajado, los ha llevado hasta el autobús hasta vernos colocados en nuestros asientos, abrazándonos con cariño, después de tomarnos tranquilos una infusión con una conversación profunda, distendida, alegre, generosa, esperanzadora.
Fue urgente la intervención y no teníamos programado esos días allí, es más tuvimos que reciclar y comprar el billete nuevo. Los médicos aconsejaron que lo hiciéramos una semana más tarde.  Carmen, Doctoranda de Trini,  habló con su párroco para ver si era posible que nos alojáramos en la casa de la Iglesia para evitar viajes. Fueron allá y las religiosas le dijeron que ellas no sabían al no conocernos, la casa es para los sacerdotes misioneros del vicariato. Les dieron datos nuestros, incluidos los blogs, y ellas conectaron con el obispo quien dio su permiso aunque él estaba entonces en la ciudad de Quito.
La verdad que ya antes de su llegada se adivinaba un ambiente eclesial en la propia casa y en el trato de comunión y misión, de encuentro y amistad entre todos, sacerdotes, religiosas, laicos… y todo se confirmó cuando llegó el pastor, tras su largo  viaje,  y se puso a conectar con todos. Se interesó por nosotros, nos buscó, nos escuchó y desde ese momento nos incorporó con gracia a aquella realidad. Después no desaprovechó las oportunidades de sus trabajos diarios como pastor del vicariato para adentrarnos en su plan pastoral diocesano, en estado de misión popular, con la estructura de la pastoral nacida de Brasil e inspirada y enraizada en el documento y planteamientos de Aparecida.
Hemos visitado con él muchos de los proyectos, ha posibilitado que conociéramos otros, nos ha conectado con personas interesantes para los planteamientos de Trinidad, incluso llevó de copiloto a esta compañera para ver comunidades indígenas y celebrar con ellas, en Canelos donde comenzó todo el trabajo apostólico de este vicariato hace más de un siglo. Historia que ya sabíamos por haber  visitado un sencilla exposición permanente que tienen en el vicariato para que el pueblo pueda ir conociendo y asimilando su historia.
Es un obispo de batalla, vino a esta zona hace más de veinticinco años, lleva quince de obispo en la selva amazónica, a veces vuela, otra va en canoa, usa su coche por carreteras y caminos… y le duele su pueblo, su gente, sobre todo las comunidades que se quedan sin presencia eclesial referente como puede ser un sacerdote o religiosas. Los ve desamparados como ovejas sin pastor y eso le rompe el alma. Goza con el valor de su cultura, de la naturaleza, con los proyectos comunitarios hechos con alma, tanto los dedicados a los niños de la calle como a los ancianos abandonados. Le preocupa todo  el tema de las vocaciones y cuida su seminario, la formación de los candidatos. Da su vida por sus sacerdotes y alaba constantemente la labor que realizan los religiosos en todos los campos de su Iglesia, hasta fuimos con él a visitar una contemplativas  Clarisas que hace dos años iniciaron  un convento en el monte de Puyo, notando el mimo que les tenía y el valor que les concedía en su iglesia.
Nosotros podemos confesar desde esta experiencia que tiene un corazón grande como su cuerpo, una mente abierta y lúcida para el gobierno y el servicio, que le caracteriza la mayor sencillez que le reviste de una humildad que le concede una cercanía admirable. Goza con los planteamientos del Papa Francisco, se reafirma en el deseo de una Iglesia en salida y misionera, dispuesta a accidentarse antes que enfermar por no atreverse. Se muestra abierto a todo lo que conduzca a comunión y riqueza en su Iglesia, y del mismo modo apoya al misionero y los campesinos que le muestran el problema de las petroleras, que pasa un rato de oración y fiesta con Radio María. Él siempre se le ve el mismo, o sea, que me reitero en que el allá el tomate sabe a tomate y el obispo a pastor, que se nota autenticidad. Y en el camino repetimos varias veces, Trini y yo, que obispos como el Papa hay más de uno, pero que están anónimos y qué alegría cuando nos encontramos con uno de ellos. Nos llevamos muchas experiencias, pero no hay duda que venimos enriquecidos en el sentido eclesial y el amor a la Iglesia. Nos gustaría que mucha gente pudiera conocer y sentir esta Iglesia que sabe a Iglesia, a comunidad y misión,  a esperanza y alegría, a sueños y compromiso humilde y sencillo.
Gracias Dios mío, por esta interpelación generosa y remecida de acogida y cariño pastoral.


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Monseñor Rafael Cob Garcia