MAYORIA DE EDAD EN EL ANIVERSARIO DE CONSAGRACIÓN EPISCOPAL.

Siempre como que corremos detrás del tiempo y no le alcanzamos, quisiéramos ir delante del tiempo, pero siempre se nos quiere  adelantar y muchas veces lo consigue. Dicen que hay algunas personas e instituciones que con sus ideas se adelantan al tiempo, otras que llegan  tarde, reformas ,proyectos, planes no faltan, pero será que nuestra mente no avance a ver un futuro que necesita preverse y eso necesita intuición ante los signos de una realidad acelerada como la nuestra,  no es fácil y en la Iglesia menos.
              
Ciertamente la mayoría de la gente se deja llevar por la corriente del momento, por las modas y prefieren que se lo den hecho. Otros no, prefieren ser originales, romper esquemas, buscar algo nuevo, soñar y ver más allá para que lo que está por venir sea lo mejor. 

Cuando a alguien se le confía una gran responsabilidad en que su actuar repercute en otros, esto exige pararse y contemplar que es lo que le han encomendado y revisar cómo se va haciendo el camino, si se cumplen las esperanzas que otros han puesto en uno, cuando le eligieron para una misión especial.
              
Hoy al celebrar el 18 aniversario de mi consagración episcopal de manos de S. Juan Pablo II, me pongo a pensar, si la misión que me encomendaron aquel día 6 de enero de 1999 se está haciendo realidad. Cumplir 18 años en la vida de una persona, es declararle mayoría de edad en la vida pública para desempeñar responsabilidades. Aun siendo joven en la vida, con 18 años uno quiere comerse el mundo con sus ideales. Cuando uno cumple los años de la jubilación civil, 65, puede pensar que ya llegó a la meta pretendida de una madurez, y que toca bajar el ritmo en el camino  y descansar. Con 18 años de episcopado ciertamente  su responsabilidad es un trabajo que cansa y a veces estresa.
               
Es bueno echar una mirada atrás  y hacer memoria  del recorrido. Cuando arrancamos  con ilusión aquel día del invierno  6 de enero, en que el Espíritu Santo puso su fuego en nuestro corazón y Dios nos hizo ver la estrella de la Epifanía, como manifestación de su gracia , desde nuestra pobreza nos consideramos indignos como el profeta Juan Bautista, y escuchamos las palabras del hombre sabio y santo  como San Juan Pablo II de ese día y  que aún resuenan en nuestra mente: “El mundo en el umbral del tercer milenio  tiene más que nunca necesidad de experimentar la bondad divina ,de sentir el amor de Dios  por cada persona, consciente de ese deber apostólico y misionero, que es de todo cristiano, pero especialmente  de cuantos el Espíritu Santo ha puesto como obispos a regir la Iglesia de Dios, os reclamo peregrinos  de Belén  para uniros a los Magos de Oriente, mientras ofrecen  regalos al rey nacido”  “Dios quiera que cada uno de vosotros, nuevos obispos a quienes voy a imponer las manos  lleven por doquier  con las palabras y las obras el anuncio gozoso de la Epifanía, en la que el Hijo  reveló al mundo  el rostro del Padre  en misericordia”
           
   
Después de 18 años hemos pasado el umbral del  tercer milenio en este siglo 21 que nos encontramos,.-  hemos experimentado en verdad el amor de Dios en nuestra vida, .-  hemos sentido sobre nuestros hombros como obispo, el peso de regir y  hacer de nuestra Iglesia  que se nos ha confiado,  una comunidad misionera, llevando con pasión y gozo  el anuncio del Hijo en  una epifanía que se prolonga a través de los años y de los siglos,  en la misericordia  que un Padre Dios tienen con nosotros sus hijos.

Muchos son los recuerdos de aquel día que invaden el alma y el corazón, inolvidables para hoy decir, gracias Dios mío por poner tu mano en mí,  y gracias a quien sin yo  merecerlo me escogió para cumplir esta dura y gratificante misión  que se me encomendó,  como escribía  en el lema de mi sacerdocio y de mi episcopado inspirado en las palabras del Apóstol misionero. 
“Me gastaré  y desgastaré  por vosotros, aunque amándoos más sea menos amado. Haced todo con amor” Es el amor, la razón de nuestro ser y de nuestro obrar, sembramos, regamos y tu diste el crecimiento.

En la noche  de los  Reyes todos nos volvemos niños, esperando los regalos que ellos traen, quisiéramos ser niños de nuevo, deseando que  nuestras ilusiones de niños se cumplan,  como muchos papás  cumplirán con sus regalos  las ilusiones de sus hijos, y aunque en el fondo de nuestra alma siempre  quedaran los anhelos de niño, sabemos que la madurez que dan  los años y la responsabilidad del trabajo hacen ver la vida con otros ojos que no son de niño, la vida continua su camino  marcando las distintas etapas en las que dejamos las huellas como misioneros, siendo mensajeros de amor y de paz ,anunciadores como los ángeles de la buena noticia : “alegraos  os ha nacido el Salvador Jesús” .

Seguimos corriendo presurosos como los pastores, alegres por los campos de Belén para ver la sorpresa que nos aguarda en aquel Niño, envuelto en pañales ,recostado en un pesebre ,porque Dios siempre nos sorprende con su actuar, para volver como ellos alegres y contentos , porque si se cumplió  lo que les anunciaron,” lo encontraron como se les había dicho”.
              
 Y en aquella noche de silencio queremos como  María y José, contemplar el misterio de un Dios hecho niño por amor a los hombres. Y preguntar ¿porque Señor te gusta hacer de forma ordinaria lo extraordinario? Y de la pobreza de  mi nada hacer tu todo. Tu actuar siempre sorprendiendo, nos quedamos en tus manos  que es donde mejor estamos y nos irás mostrando en el pasar de los años, que eres Tú no  nosotros,  quien pinta el paisaje cada día ,nosotros solo lapiceros a veces rebeldes,  a los que nos debes sacar punta para seguir pintando nuestra historia personal.

Señor, en este día de Reyes me gusta como a ellos contemplar las estrellas,  y dejarme iluminar por tu luz, para que como estrella encendida, pueda mostrar a los demás, donde encontrar a Jesús nacido  en Belén, y que hoy quiere nacer en cada hombre y en cada mujer   por la fe misionera que sembramos en esta tierra. Como muchos niños en esta noche, quiero  seguir soñando, ellos vieron hecho realidad sus sueños en los juguetes que amanecieron en sus zapatos, también  nuestras ilusiones y proyectos serán realidad,  sino dejamos apagar el amor de Dios en nuestro corazón y no dejamos el camino misionero al  que un día Dios nos llamó: Id por todo el mundo y llevar la buena noticia a todos los pueblos”.

Todavía falta cumplirse tu deseo de forma total, pero tu mensaje sigue construyendo tu Reino con nuestro esfuerzo en las Santas Misiones Populares, y formando nuestra  familia misionera  del VAP, con   ideas y pensamientos de todos  que  unidos vamos acrisolando  y limando  como las  piedras del río  acariciadas por el agua de tu misericordia, por ellos te pido y a ellos les pido en este día ,que unidos al pastor que tú  Señor les has dado, sigamos el camino de la fraternidad , del amor y de la esperanza, aunque a veces sea duro ,pesado  y cuesta arriba y otras veces ligero , lleno de alegría y de ilusión. Hemos visto florecer misioneros en nuestras parroquias, y hemos  resistido las tormentas con tu ayuda y con su apoyo para llegar hasta hoy y ser fieles cada día a la misión confiada. 

Para hacer realidad tu sueño, continuaremos por la senda misionera que nos marcas,  como mensajeros que traen la paz, seguiremos la estrella de la Navidad que guía y alegra el camino que llega hasta ti, donde encontramos  tu luz cargamos  las pilas y reanudamos  la marcha. 
Misioneros y misioneras gracias por vuestra compañía, por vuestra oración, seguid rezando por vuestro pastor, al final de esta navidad, recibid también mi felicitación y mi bendición, Dios os acompañe siempre.


 Monseñor Rafael Cob Garcia